Iglesia Evangélica Española

Devocional semanal

Lunes, 4 de mayo de 2026

Salmos leí­dos des­de Jesús “El Cristo” V

Prof. Juan Sánchez

Salmo 5 Con Dios a favor de la jus­ti­cia

Escucha mis pal­abras, Señor, atiende mi que­ja,
Rey mío, Dios mío, oye mi gri­to de socor­ro
que a ti diri­jo mi ruego.
Señor, por la mañana escuchas mi súpli­ca,
de madru­ga­da ante ti la pre­sen­to,
y me que­do esperan­do.

Tú no eres un Dios que quiera el mal;
y, sin embar­go, amas a los mal­va­dos.
El arro­gante no resiste tu pres­en­cia,
pues detes­tas la sober­bia, y te eno­ja la men­ti­ra;
no hay cosa que abor­rez­cas más,
que la cru­el­dad y el abu­so.

Pero yo, por tu gran amor, entraré en tu mora­da;
me pos­traré en tu pres­en­cia, lleno de respeto hacia ti.
Guíame, Señor, con tu fuerza sal­vado­ra,
ayú­dame a super­ar las adver­si­dades,
allana delante de mí tu camino.

No hay sin­ceri­dad en la boca del mal­va­do,
su corazón está lleno de per­fidia;
una tum­ba abier­ta es su gar­gan­ta,
adu­lado­ra es su lengua.

Señor, sólo tu cor­rec­ción podrá ayu­dar­les;
para que reha­gan sus planes,
y renieguen de sus muchos crímenes,
de sus maquina­ciones con­tra ti y con­tra el débil.

¡Que se ale­gren los que en ti con­fían, que su gozo sea eter­no!
Que se rego­ci­jen con­ti­go, los que aman tu nom­bre.
Pues tú, Señor, ben­dices al jus­to;
lo cubres y lo rodeas, con el escu­do de tu bon­dad.

Des­de Jesús podemos ree­scribir este salmo, y hac­er nue­stro su anh­elo de jus­ti­cia, y dejar atrás su reac­ción ante la mal­dad de los injus­tos.

Ha sido una reac­ción habit­u­al, a lo largo de la his­to­ria de la humanidad, y lo sigue sien­do, con­denar al mal­va­do jun­to con su mal­dad, sin dis­tin­guir entre la con­de­na del mal y la injus­ti­cia, y la con­de­na del mal­va­do o del injus­to.

Des­de Jesús, fue capaz el pas­tor bautista Mar­tin Luther King, en su rebe­lión no vio­len­ta con­tra el mal que sufría él y su pueblo, de pon­er las bases de su lucha, dicien­do: «el úni­co poder capaz de trans­for­mar a tu ene­mi­go en ami­go, es el amor».

El úni­co poder capaz de vencer a tu ene­mi­go, ven­cien­do el mal que comete con­tra ti, es amán­do­lo, es decir, renun­cian­do a devolver­le mal por mal, ven­cien­do así el mal con el bien.

¡Qué difí­cil el camino que Jesús ini­ció de superación de los males de la humanidad!

Pero sigu­ien­do su camino, es que podemos ree­scribir este salmo, y decir:

«No hay sin­ceri­dad en la boca del mal­va­do, su corazón está lleno de per­fidia; una tum­ba abier­ta es su gar­gan­ta, adu­lado­ra es su lengua. Señor, sólo tu cor­rec­ción podrá ayu­dar­les; para que reha­gan sus planes, y renieguen de sus muchos crímenes, de sus maquina­ciones con­tra ti y con­tra el débil; pues Tú, no eres un Dios que quiera el mal; y, sin embar­go, amas a los mal­va­dos».

Oración

Padre, danos el Espíritu de Jesús, para bus­car por enci­ma de todo tu reino de paz y de jus­ti­cia, para saber dis­tin­guir entre el injus­to y su injus­ti­cia, entre el mal­va­do y su mal­dad, entre el men­tiroso y su men­ti­ra; pues todo ello, está tam­bién en nosotros, y, sin embar­go, nos sabe­mos ama­dos por ti, y for­t­ale­ci­dos por tu Espíritu, que nos ayu­da a vivir sabién­donos «guer­rilleros del Mun­do, de la Igle­sia y de nosotros mis­mos», como decía nue­stro extra­or­di­nario her­mano, Pedro Casaldáli­ga. Por Cristo nue­stro Señor, Amén.

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