Salmo 119
141 Pequeño soy yo, y desechado, mas no me he olvidado de tus mandamientos.
142 Tu justicia es justicia eterna, y tu ley la verdad.
Tenemos la tendencia a considerarnos los más pequeños, los más pobres o los más desgraciados, recordamos con frecuencia la parábola del sabio que recogía hierbas y que al mirar atrás vio a otro que recogía las hierbas que desechaba. Como iglesia minoritaria y diseminada esa tentación de gloriarnos en la pequeñez resulta en ocasiones vanidosa. El Salmista nos recuerda junto a la pequeñez y el vernos dejados de lado con los que nos sentimos que toda exaltación de nuestras debilidades es olvido de los mandamientos, y nos invita a no realizar ese olvido, y sobre todo a mirar la eternidad de la justicia de Dios y su verdad. Este tiempo nos hace percibir la justicia como efímera y la verdad como inexistente, esto es también olvido de los mandamientos de Dios. Más que ninguna otra cosa, porque olvido es que dejen de influir en nuestro sentido de las cosas, nuestra percepción de la realidad y nuestro ánimo en la esperanza. No podemos evitar situaciones en que la pequeñez nos abruma y el sentirnos al margen nos desanima, son muchas las circunstancias lamentables de sufrimiento por causa de la violencia en los más pequeños, en las mujeres o en cualquiera de los supremacismos. Resistir a la violencia es la proclamación de de los mandamientos de Dios, que se condensan en el amor, sentirnos amados y hacer sentir a otros amados, esto nos hace levantar la mirada hacia la eternidad de la justicia en Dios y su Verdad.