La gracia produce cambio
Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me ha sostenido con su fuerza y se ha fiado de mí, confiándome este ministerio. Y eso que antes fui blasfemo y perseguí a la Iglesia con violencia. Pero como estaba sin fe y no sabía lo que hacía, Dios nuestro Señor tuvo misericordia de mí y me colmó de su gracia junto con la fe y el amor que me une a Cristo Jesús. (1Tim 1,12–14 BTI).
Como hay contextos donde se abusa de una especie de teología de autoayuda que falsea un poco las cosas, quienes no vamos en esa línea podemos perder el acento en algunos aspectos que sí que hay que tenerlos en cuenta y no olvidarlos:
No es nuestro pasado lo que cuenta, no se trata de nosotros, se trata de lo que Dios por medio de Jesús hace de personas como tú y como yo.
Es su gracia la que nos dignifica y nos pone a ocupar posiciones nuevas, servicios (ministerios) en los que podemos dar un fruto bueno.
Cristo como fuente de nuestra salvación, como aquel que nos restaura, toma lo que somos y lo va transformando en algo nuevo. Al estar en Cristo somos nuevas criaturas (nueva creación), las cosas viejas no se tienen en cuenta (2Co 5,17).
Y ahora, como se decía en la cita con la que empezábamos, el Señor se ha fiado de ti y de mí confiándonos a cada cual una función de servicio en la expansión del reinado de Dios.
Si de algo sirve el contraste de nuestro pasado con la actual nueva vida en Cristo, es la apertura a la sorpresa, ¿qué tiene Dios para nosotros para que podamos glorificarle? ¿Qué servicios ha preparado para que tú y yo podamos realizarlos?
Volvamos a la porción y mirémosla de nuevo, pensando en nuestra situación.
Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me ha sostenido con su fuerza y se ha fiado de mí (“me tuvo por fiel” –traduce la Reina Valera), confiándome este ministerio.
Se ha fiado de nosotros, nos tuvo por fieles, y eso que nuestra fidelidad es de esas que fallan una vez tras otra, siendo que en realidad, la única fidelidad que es grande e incomparable es la suya que hace que todo funcione. Pero, aun así, nos ha considerado suficientemente fieles para la labor que nos encarga.
Podemos decir también, pero yo antes fui blasfemo, en mi ignorancia fui irresponsable, fui una persona saboteadora de la obra de Dios, pero…
Dios nuestro Señor tuvo misericordia de mí y me colmó de su gracia junto con la fe y el amor que me une a Cristo Jesús.
Vamos a orar y dar gracias:
Señor queremos mostrarte nuestro agradecimiento, porque tu fidelidad nos sostiene. Has demostrado una gracia inimaginable y has hecho algo nuevo en nuestra vida. Ayúdanos a discernir las obras que preparas de antemano para que caminemos en ellas, haciendo el servicio (el ministerio) al que nos has llamado. En el nombre de Jesús, amén.