Iglesia Evangélica Española

Devocional semanal

Lunes, 21 de octubre de 2024

Siem­pre gra­cia (IV)

Pastor Rubén Bernal

La gra­cia pro­duce cam­bio

Doy gra­cias a Cristo Jesús, nue­stro Señor, que me ha sostenido con su fuerza y se ha fia­do de mí, con­fián­dome este min­is­te­rio. Y eso que antes fui blas­femo y perseguí a la Igle­sia con vio­len­cia. Pero como esta­ba sin fe y no sabía lo que hacía, Dios nue­stro Señor tuvo mis­eri­cor­dia de mí y me colmó de su gra­cia jun­to con la fe y el amor que me une a Cristo Jesús. (1Tim 1,12–14 BTI).

Como hay con­tex­tos donde se abusa de una especie de teología de autoayu­da que falsea un poco las cosas, quienes no vamos en esa línea podemos perder el acen­to en algunos aspec­tos que sí que hay que ten­er­los en cuen­ta y no olvi­dar­los:

No es nue­stro pasa­do lo que cuen­ta, no se tra­ta de nosotros, se tra­ta de lo que Dios por medio de Jesús hace de per­sonas como tú y como yo.

Es su gra­cia la que nos dig­nifi­ca y nos pone a ocu­par posi­ciones nuevas, ser­vi­cios (min­is­te­rios) en los que podemos dar un fru­to bueno.

Cristo como fuente de nues­tra sal­vación, como aquel que nos restau­ra, toma lo que somos y lo va trans­for­man­do en algo nue­vo. Al estar en Cristo somos nuevas criat­uras (nue­va creación), las cosas vie­jas no se tienen en cuen­ta (2Co 5,17).

Y aho­ra, como se decía en la cita con la que empezábamos, el Señor se ha fia­do de ti y de mí con­fián­donos a cada cual una fun­ción de ser­vi­cio en la expan­sión del reina­do de Dios.

Si de algo sirve el con­traste de nue­stro pasa­do con la actu­al nue­va vida en Cristo, es la aper­tu­ra a la sor­pre­sa, ¿qué tiene Dios para nosotros para que podamos glo­ri­fi­car­le? ¿Qué ser­vi­cios ha prepara­do para que tú y yo podamos realizar­los?

Volva­mos a la por­ción y miré­mosla de nue­vo, pen­san­do en nues­tra situación.

Doy gra­cias a Cristo Jesús, nue­stro Señor, que me ha sostenido con su fuerza y se ha fia­do de mí (“me tuvo por fiel” –tra­duce la Reina Valera), con­fián­dome este min­is­te­rio.

Se ha fia­do de nosotros, nos tuvo por fieles, y eso que nues­tra fidel­i­dad es de esas que fal­lan una vez tras otra, sien­do que en real­i­dad, la úni­ca fidel­i­dad que es grande e incom­pa­ra­ble es la suya que hace que todo fun­cione. Pero, aun así, nos ha con­sid­er­a­do sufi­cien­te­mente fieles para la labor que nos encar­ga.

Podemos decir tam­bién, pero yo antes fui blas­femo, en mi igno­ran­cia fui irre­spon­s­able, fui una per­sona saboteado­ra de la obra de Dios, pero…

Dios nue­stro Señor tuvo mis­eri­cor­dia de mí y me colmó de su gra­cia jun­to con la fe y el amor que me une a Cristo Jesús.

Vamos a orar y dar gra­cias:

Señor quer­e­mos mostrarte nue­stro agradec­imien­to, porque tu fidel­i­dad nos sostiene. Has demostra­do una gra­cia inimag­in­able y has hecho algo nue­vo en nues­tra vida. Ayú­danos a dis­cernir las obras que preparas de ante­mano para que caminemos en ellas, hacien­do el ser­vi­cio (el min­is­te­rio) al que nos has lla­ma­do. En el nom­bre de Jesús, amén.