Iglesia Evangélica Española

Devocional semanal

Lunes, 2 de diciembre de 2024

Advien­to (I)

Pastora Lidia Rodríguez

El domin­go 1 de diciem­bre ini­ciábamos el año litúr­gi­co encen­di­en­do la primera vela de Advien­to, que sim­boliza la esper­an­za. Hoy, el devo­cional diario del lec­cionario nos pro­pone la sigu­iente lec­tura en 2 Pedro 3:1–13:

2 Pedro 3:1–13 (La Pal­abra)

1Ésta es ya, queri­dos, la segun­da car­ta que os escri­bo. En ambas pre­tendo des­per­tar medi­ante recuer­dos vues­tra sin­cera con­cien­cia, 2para que remem­o­réis el men­saje anun­ci­a­do en otro tiem­po por los san­tos pro­fe­tas, y el man­damien­to del Señor y Sal­vador que os trans­mi­tieron vue­stros após­toles.

3Sabed, ante todo, que en los últi­mos días harán acto de pres­en­cia char­la­tanes que vivirán a su anto­jo y andarán dicien­do en son de burla: 4“¿Qué hay de la prome­sa de su glo­riosa veni­da? Porque ya han muer­to nue­stros may­ores y todo sigue como al prin­ci­pio de la creación”. 5Quienes así se pro­nun­cian, olvi­dan que antaño existieron unos cie­los y una tier­ra, a la que Dios, con su pal­abra, hizo sur­gir del agua y con­solidó en medio del agua. 6Aquel mun­do pere­ció ane­ga­do por las aguas. 7En cuan­to a los cie­los y la tier­ra actuales, la mis­ma pal­abra div­ina los tiene reser­va­dos para el fuego, con­serván­do­los has­ta el día del juicio y de la destruc­ción de los impíos.

8De cualquier modo, queri­dos, no debéis olvi­dar que, para el Señor, un día es como mil años, y mil años como un día. 9No es que el Señor se retrase en cumplir lo prometi­do, como algunos pien­san; es que tiene pacien­cia con vosotros y no quiere que nadie se pier­da, sino que todos se con­vier­tan. 10Pero el día del Señor ven­drá como un ladrón. Entonces los cie­los se der­rum­barán con estrépi­to, los ele­men­tos del mun­do quedarán pul­ver­iza­dos por el fuego y desa­pare­cerá la tier­ra con cuan­to hay en ella.

11Si, pues, todo esto ha de ser aniquila­do, ¡qué vida tan entre­ga­da a Dios y tan fiel debe ser la vues­tra, 12mien­tras esperáis y acel­eráis la veni­da del día de Dios! Ese día, en que los cie­los arderán y se desin­te­grarán y en que los ele­men­tos del mun­do se der­re­tirán con­sum­i­dos por el fuego. 13Nosotros, sin embar­go, con­fi­a­dos en la prome­sa de Dios, esper­amos unos cie­los nuevos y una tier­ra nue­va que sean mora­da de rec­ti­tud.


Como 2 Pedro, Advien­to bus­ca des­per­tar nue­stros recuer­dos, así que te ani­mo a que en este tiem­po traigas a la memo­ria aque­l­los momen­tos de tu biografía per­son­al y comu­ni­taria, cuan­do el Emanuel, el Dios con nosotros, se hizo pre­sente trayen­do esper­an­za.

Como 2 Pedro, Advien­to nos desvela la pacien­cia y la fidel­i­dad que Dios mostró y sigue mostran­do hacia la humanidad, así que no nos deje­mos entris­te­cer por esas voces que nos lle­van a dudar de que el reina­do de Dios ya se ha hecho pre­sente en medio nue­stro. El adven­tus, la “lle­ga­da”, ya tuvo lugar aque­l­la primera Navi­dad, y hoy antic­i­pamos su segun­da veni­da al final de los tiem­pos. Una vez más, la plen­i­tud de Dios se hará de nue­vo pre­sente en medio de un mun­do que no le espera, pero le nece­si­ta.

Como 2 Pedro, Advien­to nos invi­ta a dis­cernir sig­nos de esper­an­za en medio de nue­stros esce­nar­ios cat­a­strofis­tas dom­i­na­dos por el miedo, la angus­tia o la pre­ocu­pación. No es que no nos fal­ten motivos, pero no olvides que la ayu­da está en camino, esper­an­za que la Igle­sia entona tan­tas veces en sus cel­e­bra­ciones.

Como 2 Pedro, Advien­to nos ins­ta con urgen­cia a salir al encuen­tro del Emanuel. En este tiem­po de esper­an­za de futuro, la Igle­sia nece­si­ta man­ten­erse expec­tante ante el “ya, pero todavía no” de la plen­i­tud del reina­do de Dios. Esta­mos lla­madas, esta­mos lla­ma­dos a renun­ciar a la friv­o­l­i­dad que por des­gra­cia tan­tas veces car­ac­ter­i­za estas fechas y a com­pro­m­e­ter­nos respon­s­able­mente con el dolor y la injus­ti­cia de este mun­do.

En este tiem­po de Advien­to, enciende la luz de la esper­an­za y fija tu mira­da en ella.

Oración de Hen­ri J. M. Nouwen

Señor Jesús, Mae­stro de la luz y de las tinieblas, envía tu Espíritu San­to sobre nues­tra preparación para la Navi­dad.
Noso­tras, que ten­emos tan­to que hac­er, bus­camos espa­cios tran­qui­los para escuchar Tu voz cada día.
Nosotros, que esta­mos ansiosos por muchas cosas, esper­amos Tu veni­da entre nosotros.
Noso­tras, que somos ben­de­ci­das de tan­tas man­eras, anhelam­os la ale­gría com­ple­ta de Tu Reino.
Nosotros, cuyos cora­zones están ape­sad­um­bra­dos, bus­camos la ale­gría de Tu pres­en­cia.
Somos Tu pueblo, cam­i­nan­do en la oscuri­dad, pero bus­can­do la luz. A Ti te dec­i­mos: “¡Ven, Señor Jesús!”