Lunes, 14 de septiembre de 2026
Prof. Federico Velázquez de Castro
He aquí que yo establezco un pacto… con todo ser viviente que está con vosotros, aves, animales… hasta todo animal de la Tierra. (Gn.9, 9–10)
Sorprende que, tras el Diluvio, Dios no solo pacte con Noé, como representante en ese momento de la humanidad, sino que también lo haga con los animales. De hecho, el Arca los acogió, Dios no solo salvó a la familia del justo, sino al resto de los seres vivos, obra también de sus manos. Los animales están presentes en muchos textos bíblicos (Joel, Jonás, Salmos) y hasta el mismo Jesús miraba con ternura las aves del cielo y los lirios del campo. Sin embargo, el ser humano los ha perseguido, enjaulado, explotado y eliminado sin mayores miramientos. Por su parte, el cristiano ha permanecido tibio frente a la degradación del medio y sus criaturas olvidando su valor por encima de criterios utilitaristas, pues también proceden de las manos del Creador, y su papel de mayordomo de toda la Creación. Los animales nos asombran y aventajan en muchos aspectos, y es un deber ético protegerlos y cuidarlos, denunciando aquellas prácticas que los destruyen, pues al permitirlo degradamos nuestra dignidad. La vida está interconectada para que nada falte ni sobre, y a ese equilibrio debemos contribuir.
Oración
Gracias, Señor, por la diversidad de seres vivos que comparten con nosotros el planeta. Ayúdanos a conocerlos y contemplarlos sin dañar todo lo que es bueno e interferir en su libertad, y danos espíritu profético para denunciar aquello que degrade y dañe a seres sintientes, para que el amor y la compasión alcance a todas las criaturas.