Lunes, 28 de septiembre de 2026
Prof. Federico Velázquez de Castro
Él es la imagen del Dios invisible, primogénito de toda la Creación. Porque en Él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles… Todo fue creado por medio de Él y para Él, y Él es antes de todas las cosas y todo en Él subsiste.
(Col, 1, 15–17)
Jesús bendijo la Creación al hacerse hombre. El mundo —el cosmos— siempre ha estado en su mirada y él es Señor de su obra. Conviene no olvidar de quién es la Tierra y de cómo nosotros no somos sino administradores, mayordomos, jardineros. Amar a Dios es hacerlo también a su Creación; y seguir a Jesús, protegerla y cuidarla. No es difícil darse cuenta de que nada nos pertenece y que de nada somos dueños. Ciertamente, el ser humano es creador —rasgo a imagen y semejanza de Dios—, pero su acción es sólo transformadora a partir de materiales que le han sido entregados. Tampoco somos plenamente dueños de nuestros cuerpos, por cuanto no podemos elaborar órganos ni estructuras. Por tanto, debemos partir humildemente de este reconocimiento, para agradecer y comportarnos como siervos fieles que han encontrado un inmenso patrimonio para disfrutar y aprovechar con inteligencia y respeto.
Oración
Nos alegra, Señor, habitar tu mundo y celebrar la vida que cada día nos ofreces. Nos sentimos invitados a tu gran obra, y como tales queremos abstenernos de dañar y destruir todo lo que tan sabiamente has dispuesto, desde los átomos al planeta entero. Más bien, permítenos conocer el misterio que se encuentra detrás de cada brizna de materia, para que se convierta en objeto de asombro y celebración, y ayúdanos a seguirte amando la vida que has puesto dentro y fuera de nosotros. Amén.