Lunes, 23 de febrero de 2026
Pastor Abraham García
Buenos días.
Hoy vamos a meditar en unas palabras que Jesús dirige a sus discípulos, son tan serias como llenas de esperanza. Las encontramos en el Evangelio según Mt 42,36–44, y vamos a centrarnos especialmente en el verso 42, donde el Señor dice: «Estad, pues, vigilantes ya que no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor».
Estas palabras son enunciadas dentro del contexto sobre su segunda venida, el fin de los tiempos y la necesidad de estar preparados, no asustados, sino despiertos, atentos, viviendo de una manera que honre a Cristo en todo momento.
Permitidme una anécdota. Hace algunos años, una familia recibía cada cierto tiempo la visita del abuelo. Él vivía en otra ciudad y solía avisar con antelación: llamaba por teléfono, decía qué día llegaría, y todos se ponían manos a la obra. Limpiaban la casa, preparaban su habitación, compraban lo que sabían que le gustaba comer. Cuando el abuelo llegaba, todo estaba listo, y el ambiente era de fiesta.
Pero un día decidió darles una sorpresa. No llamó, no avisó, simplemente apareció en la puerta un viernes por la tarde. La escena fue muy diferente: la casa estaba desordenada, la cocina hecha un caos, los niños peleando, y el padre enfadado por algo del trabajo. Cuando abrieron la puerta y lo vieron, se quedaron helados. El abuelo sonrió con ternura, pero la vergüenza era evidente.
Más tarde, cuando hablaron del tema, uno de los hijos dijo: «Papa, si hubiéramos sabido que venías hoy, lo habríamos preparado todo». Y el abuelo respondió: «Precisamente por eso quise venir sin avisar, para que aprendáis a estar siempre listos, no solo cuando os aviso».
Esta sencilla anécdota ilustra algo del mensaje de Jesús: Él no nos ha dicho el día ni la hora de su regreso, para que no vivamos preparados solo a ratos, sino con una actitud constante de observación en el Señor.
En Mateo 24, Jesús habla de su venida comparándola con los días de Noé. La gente comía, bebía, se casaba, hacía su vida normal, pero no prestaba atención al mensaje de advertencia. El denominador común era tener un corazón distraído, centrado solo en lo terrenal.
Así también hoy: trabajamos, estudiamos, hacemos planes, organizamos la semana; nos ocupamos de cuentas, compras, citas, mensajes, redes; pero es posible que, en medio de todo, el corazón se duerma en la relación con Dios y los demás.
Jesús no nos llama a abandonar la vida diaria, sino a vivirla conscientes de que Él es el Señor de la historia de nuestra vida, y que puede venir en cualquier momento. Es examinar nuestra vida a la luz del evangelio y reconocer errores, no acostumbrarnos a ellos. Mantener viva la oración, la comunión con el Señor y servir a otros con amor, reconociendo que lo hacemos para Señor. Dios quiere que sea una relación viva, fresca, no una religiosidad mecánica.
Cuando Jesús dice vigilad, nos está animando a estar en alerta, a no dejar que el corazón se endurezca ni se enfríe. Nos invita a vivir de tal manera que, si Él viniera hoy, no habría nada que esconder, Él está presente y no ausente.
Por este motivo, Jesús añade una imagen muy gráfica: si el dueño de casa supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría despierto. La cuestión no es el miedo al ladrón, sino la lógica de la vigilancia.
Cuando algo es importante en tu vida, no te relajas, sino que vives activamente la fe. La venida del Señor es infinitamente más importante que cualquier otra cita. Podemos afirmar que el cristiano vive como quien espera a alguien amado, no como quien teme un examen sorpresa.
¿En qué áreas de tu vida necesitas vigilar más, estar atento y preparado? ¿Qué cambios debes hacer hoy para vivir con más esperanza, con más propósito?
Porque velar no es vivir con miedo, es sentir el latido del corazón cada día, y ese pulso le pertenece al Señor que vendrá.
Ya para finalizar, está claro que nuestra vida debe tener prioridades. Y dentro de todas ellas ha de estar cuidar nuestro corazón, desde la fe que vive la intimidad diaria con el Señor. Es escuchar, obedecer la voz de Dios, no apagar la conciencia. Es vivir sabiendo que nuestra historia tiene un final ya escrito por Dios en el libro de la vida. Ahora toca vivir con gozo la certeza del regreso del Señor.
Las palabras de Jesús deben despertarnos. Él dice: «Estad, pues, vigilantes ya que no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor». No sabemos cuándo, pero sí que viene. Te pregunto ¿cómo te encontrará?
Aparte de esta pregunta, te propongo algunas más para esta semana, tenlas en oración y atrévete a responderlas.
¿Hay algún área de mi vida (un hábito, una relación, una actitud) que sé (sabes) que no agrada al Señor y que estoy postergando cambiar, como si Él no pudiera venir hoy? ¿Qué decisión concreta puedo tomar esta semana para vigilar mejor? Por ejemplo: dedicar un tiempo diario a la meditación en la Palabra y la oración; tal vez reconciliarme con alguien o cortar con una práctica que sé deshonra a Dios. Si Jesús volviera esta semana, ¿me encontraría viviendo para sus planes o solo para los míos? ¿Qué ajustes prácticos debo hacer hoy para agradar a Dios? Porque, recuerda, Él viene.
Te deseo una magnífica semana confiando en que Dios te hable con amor y verdad, Él te ayude a vivir consciente de su presencia, a estar en paz contigo y con los demás. El Señor viene.