Iglesia Evangélica Española

Devocional semanal

Lunes, 2 de mar­zo de 2026

Mora­do
·

Augus­to G. Mil­ián

Sale el sol entre los pinos al este de la ciu­dad y comien­za el lunes. Si haces silen­cio puedes has­ta escuchar la hier­ba cre­cer. Es tiem­po de Cuares­ma.

Releyen­do en Lucas 6,36–38 BLP:

No juzguéis a nadie, y tam­poco Dios os juz­gará. No con­denéis a nadie, y tam­poco Dios os con­denará. Per­don­ad, y Dios os per­donará. Dad, y Dios os dará: él llenará has­ta los bor­des y hará que rebose vues­tra bol­sa. Os medirá con la mis­ma medi­da con que vosotros midáis a los demás.

Perdón es una pal­abra cor­ta. Su ori­gen en nue­stro castel­lano viene del latín per­donare, donde per sig­nifi­ca com­ple­ta­mente y donare es dar. O sea, dar com­ple­ta­mente. No es de las pal­abras más pro­nun­ci­adas en nues­tra vida cotid­i­ana. Y con su desu­so ha per­di­do toda su fuerza ini­ciáti­ca. Pero no todo está per­di­do.

En la tradi­ción refor­ma­da hablam­os de tres tipos de perdón: el autop­erdón, el per­donar a otros y el perdón de Dios. Y todos están rela­ciona­dos con la sanidad de la mente y has­ta del corazón. Con un pro­ce­so. Un pro­ce­so donde al final alguien debe abrir los ojos.

Estos tres ver­sícu­los, que hoy nos ayu­dan a comen­zar el día, for­man parte de un dis­cur­so que Jesús ha esta­do com­par­tien­do con los dis­cípu­los y con la mul­ti­tud que ha venido de difer­entes regiones de Galilea para escucharle en las afueras de Cafar­naúm. A ellos le ha dicho pal­abras ard­uas y les ha exigi­do peti­ciones difí­ciles de asumir. ¿Entonces dónde está la posi­bil­i­dad de su real­ización? Jesús cree que en el perdón. Pero a nosotros nos cues­ta, no tan­to en su la teoría como en su prax­is.

Para los oyentes de Jesús en el pasa­do, el perdón implic­a­ba una decisión inten­cional de dejar atrás el resen­timien­to y la ira para empren­der otro camino ¿Y para nosotros, aquí y aho­ra? Bueno, a nosotros dejar atrás, no nos resul­ta tan cómo­do. Sobre todo, porque habita­mos una cul­tura ecle­sial de ate­so­ramien­tos. De ape­gos. De asen­tamien­tos.

Pero el perdón, al que se nos sug­iere prac­ticar, es la may­oría de las veces una renun­cia a lo viejo y una aceptación de lo nue­vo. En otras pal­abras, un cam­bio. Un cam­bio donde es posi­ble inclu­so que nun­ca olvidemos la acción que nos hir­ió u ofendió, pero donde hay fuerza sufi­ciente para una segun­da opor­tu­nidad. Los cris­tianos creemos en las segun­das opor­tu­nidades. En las Escrit­uras el Sr. Dios lo lla­ma “gra­cia”.

En la antigüedad se nos dijo que la Cuares­ma era un tiem­po prop­i­cio para la reflex­ión, para el arrepen­timien­to, para ayu­dar sin esper­ar nada a cam­bio, que era una estación para encon­trarnos con Jesús y que el col­or apropi­a­do era el mora­do. Pero aho­ra, la Cuares­ma es tam­bién el mejor momen­to para hac­er cam­bios, para per­donar y ser per­don­a­dos, para ini­ciar un camino que habíamos aban­don­a­dos, para ser encon­tra­dos porque nos fuimos lejos y quer­e­mos regre­sar a casa.

Padre: Escucha nues­tras pal­abras aho­ra que comien­za el día. Espíritu San­to, mués­tra­nos el camino del perdón. Jesús, a ti esper­amos. Amén.

Otros devocionales