Iglesia Evangélica Española

Devocional semanal

Lunes, 1 de diciem­bre de 2025

Esperan­do al que viene
Esperan­do
al que viene

Pas­tor José E. Bur­guil­lo

Devo­cional: San Mateo 8: 5- 13

El Advien­to, tiem­po de cel­e­bración, de espera acti­va preparan­do el corazón y el alma para la lle­ga­da del Mesías, del Sal­vador. Para anun­ciar que, en el cumplim­ien­to del tiem­po, Dios se encar­nó; es decir, se hizo humano como nosotros: Jesús de Nazaret. El anun­ci­a­do por los pro­fe­tas y tan esper­a­do y anhela­do por el pueblo de Israel. Sin embar­go, cuan­do este Mesías se man­i­fi­es­ta no parece respon­der a las expec­ta­ti­vas que los reli­giosos (escribas, fariseos, sac­er­dotes) de su época tenían acer­ca de su mis­ión. Esper­aran que dicho Mesías los lib­er­ara de las dom­i­na­ciones políti­cas, de las opre­siones de sus ene­mi­gos y restau­ra el reino de Israel; en línea con lo que habían hecho los jue­ces-caudil­los de la antigüedad.

Sin embar­go, había otra línea, la del pro­fe­ta Isaías espe­cial­mente, quién nos habla exten­sa­mente del Mesías como sier­vo sufri­ente de Yahveh. Ofre­cién­donos un cuadro de un Mesías ‑Sal­vador sufri­ente, que es lle­va­do como un cordero al matadero; y que por cuyas lla­gas ser­e­mos sana­dos.

Sí, Advien­to, tiem­po de espera. El Mesías vino, viene para traer vida ple­na a la humanidad. Sal­vación y Lib­eración del peca­do, del dominio del mal y sus con­se­cuen­cias. Él sal­va, lib­era, per­dona, cusa, sana, acoge a todas, a todos: cie­gos, sor­dos, par­alíti­cos, lep­rosos, mujeres y hom­bre, niños y ancianos; y no solo en Galilea, tam­bién, aunque de man­era incip­i­ente, a gentes de otros pueb­los y naciones.

Así nos lo mues­tra el tex­to del Evan­ge­lio de hoy. Un cen­turión, un ofi­cial del ejérci­to romano; perteneciente a la clase dom­i­nante y opre­so­ra; acude a Jesús. Tiene un sier­vo grave­mente enfer­mo. Ha debido oír de las enseñan­zas y sobre todo del Mae­stro; cómo sana enfer­mos. Espera que pese a ser quién es, romano, le dice al Mae­stro: Señor, ten­go en casa a mi cri­a­do postra­do, par­alíti­co, y sufre mucho “. No es mera­mente una infor­ma­ción, está rogan­do a Jesús su inter­ven­ción. Ha sido valiente, man­i­fi­es­ta una gran pre­ocu­pación. Jesús escucha, atiende la súpli­ca, y comu­ni­ca y pide que se pon­gan en camino a la casa del Cen­turión.

Sor­prende la respues­ta del ofi­cial romano, de man­era sen­cil­la afir­ma que no se con­sid­era dig­no que Jesús entre en su casa. Ha recono­ci­do el poder y autori­dad que res­i­den en Jesús. Para él bas­ta que dé su pal­abra, la orden que emana de su decisión, porque tiene ese poder y autori­dad; sabe por expe­ri­en­cia lo que es ten­er autori­dad, que al dar una orden se crea una real­i­dad. Ante ello, Jesús dijo al cen­turión: «Ve, y que te sea hecho tal como creíste». Por supuesto, el cri­a­do, en aque­l­la hora quedó sano.

Qué mar­avil­la. Jesús inter­pre­ta esta respues­ta en clave de fe y con­fi­an­za en su per­sona. Rompe con la creen­cia, gen­er­al­iza­da entre los judíos, de que ellos son los úni­cos que mere­cen los ben­efi­cios de Dios, con des­pre­cio hacia otros pueb­los. Es un sig­no de la acogi­da que ten­drá Jesús, su evan­ge­lio, su sal­vación en las gentes de toda la tier­ra.

La gra­cia de Dios en Jesús con los seres humanos es uni­ver­sal, nadie que­da exclu­i­do. Y a veces de quién menos se espera lle­gan señales de fe, de con­fi­an­za en Dios. Podemos acud­ir a Jesús no solo con nues­tras necesi­dades, tam­bién con las de otros; esto mues­tra dos cosas, la empatía, la ter­nu­ra por ellos, y la cer­canía llena de fe y con­fi­an­za en Jesús.

Anun­ci­amos que Jesús vino, viene para traer sanidad, paz, perdón, esper­an­za, amor, sal­vación a este mun­do; esa es su Mis­ión para todas, todos, en todos los tiem­pos.

Ben­di­to sea Jesús de Nazaret, el Sal­vador, ayer, hoy y siem­pre.

Ben­di­ta la cel­e­bración de Advien­to para que nue­stros cora­zones estén llenos de la pres­en­cia de nue­stro Mesías, Jesús de Nazaret. Glo­ria a Él.

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