Lunes, 12 de octubre de 2026
Pr. José E. Burguillo
En tiempos de polarización a nivel internacional, del aumento del racismo, el odio, la mentira y la violencia, ¡qué bien nos hace volver los ojos a la Palabra de Dios, para cumplirla!
Demasiadas veces los seres humanos, incluidos los cristianos, dividimos por raza, por género, por clases y nos olvidamos de que, por encima de todo, está la llamada a ser UNO en Jesucristo: «…os habéis revestido de Cristo. No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús».
¡Qué arrebato, qué alegría muestra el grito de la mujer al escuchar las palabras de Jesús! Le sale del alma, de lo más profundo al sentirse liberada, porque, de repente, puede volar porque Alguien le ha abierto las alas y le ha mostrado que es amada por un Padre que no hace acepción de personas y que está por encima de las leyes de una religión misógina —como la cristiana muchas veces— clasista y opresora.
Sin poder seguir la reflexión, enseguida me surge una pregunta ¿provoca en nosotros este entusiasmo escuchar al Cristo que nos ama, que nos libera, que nos ofrece un camino eternamente nuevo, eternamente ilusionante y que da sentido a la existencia?
Nombrar a la madre de Jesús, seguro que provocó en Él una vuelta a los abrazos y palabras de su madre, pero también una mirada a la vida de los que le rodeaban: no, no consiste solo en elogiar al Profeta, consiste en saber escuchar y hacer realidad en la vida lo escuchado, en contemplar el mundo, su realidad y ser luz en él.
Jesús nos urge a no separar la fe de la vida, no convertir la fe, lo que Jesús nos transmitió, en una ideología; porque ahí, reside una de las razones más importantes de la deserción de tantos y tantas de la comunidad de los seguidores de Jesús, la «hipocresía religiosa» de proclamar una cosa y luego hacer otra, apoyar esa extrema derecha que desprecia la vida de los niños y niñas porque son de otro sitio o apoya un genocidio porque no merecen vivir.
¡Qué escándalo oír a supuestos cristianos apoyar esa xenofobia asesina que justifica el desprecio a otros seres humanos! La fe no es una serie de ritos, ni de ceremonias, es una vida que surge del seguimiento consciente, de una opción radical lejos del sentimentalismo y fortalecida por el Espíritu, que robustece en nosotros el Evangelio de la justicia, gozo y de la paz.
Revestidos de Cristo, no podemos olvidar que ese encuentro con el Cristo vivo, nos envía a cambiar nuestro mundo y trabajar para que vaya siendo más semejante a la voluntad de Dios. Separar fe cristiana y vida, debe ser considerado como uno de los más graves pecados ante el Señor.
Qué hermosas las palabras de la mujer, pero que esclarecedoras las Palabras de Jesús, con ellas nos permite entender el proyecto de las Bienaventuranzas, el proyecto del Reino de Dios: cumplir las palabras de Jesús para tener un mundo de hermandad, de justicia, de paz, de esperanza. Un mundo alejado completamente de la ideología que está dominando cada vez más en una sociedad inhumana, a fin de vivir la plenitud de la vida con el cumplimiento de la palabra de Jesús, haciéndola realidad en la vida propia cada una y cada uno de nosotros; no olvidando nunca que el Logos (Jesús) se hizo carne y que en esa encarnación vino la salvación a nosotros. ¡Vivámosla!