El domingo 15 de diciembre encendíamos la tercera vela de Adviento, que simboliza la alegría. A medida que nos acercamos al día de Navidad, nuestra alegría va en aumento, ensanchando nuestros corazones a la espera del Emanuel. Hoy, el devocional diario del leccionario nos propone la siguiente lectura en Isaías 11:1–9:
1Un rebrote saldrá del tocón de Jesé,
de sus raíces brotará un renuevo.
2El espíritu del Señor en él reposará:
espíritu de inteligencia y sabiduría,
espíritu de consejo y de valor,
espíritu de conocimiento y de respeto al Señor.
Se inspirará en el respeto al Señor.
3No juzgará a primera vista
ni dará sentencia de oídas;
4juzgará con justicia a los pobres,
con rectitud a los humildes de la tierra;
herirá al violento con la vara de su boca,
con el soplo de sus labios matará al malvado;
5la justicia será su ceñidor,
la lealtad rodeará su cintura.
6El lobo vivirá con el cordero,
la pantera se echará con el cabrito,
novillo y león pacerán juntos,
y un muchacho será su pastor.
7La vaca pastará con el oso,
sus crías se echarán juntas;
el león comerá paja como el buey.
8Jugará el lactante junto a la hura del áspid,
el niño hurgará en el agujero de la víbora.
9Nadie hará daños ni estragos
en todo mi monte santo,
pues rebosa el país conocimiento del Señor
como las aguas colman el mar.
Isaías evoca en este poema escenas del mundo agrícola y ganadero. Algunas imágenes son tan reales y reconocibles como el brote nuevo que nace en primavera de un árbol dañado y alegra el día al agricultor que no sabía qué esperar. Como Isaías, “Adviento nos invita a creer que habrá una primavera” (A. Fernández Barrajón). Te animo a que en este tiempo de espera traigas a la memoria esos momentos sorprendentes de la vida cotidiana que te alegraron el día.
Isaías se dirigió al angustiado rey Acaz, que dudaba de la promesa divina ante una realidad que parecía contradecir las palabras del profeta. Como Isaías anunció que Dios confirmaría su dinastía en su hijo Ezequías, Adviento se dirige a nosotras y nosotros para confirmar que Jesús, Hijo de Dios, trae sabiduría, justicia y paz a la humanidad.
Isaías echó a volar su imaginación para convencer al rey de que las buenas noticias que portaba eran ciertas. La escena onírica de lobos y corderos, panteras y cabritos, novillos y leones, vacas y osos, leones y bueyes, todos ellos enemigos naturales conviviendo en armonía, fue capaz de sobreponerse al temor del rey ante la amenaza asiria que se cernía sobre el reino de Judá. Como Isaías, Adviento también apunta al sueño de Dios para la humanidad con una escena inesperada, pero cargada de esperanza, la de un bebé vulnerable nacido de unos padres empujados a los caminos por un poder violento en los confines olvidados del imperio romano.
Como le sucedió al profeta Isaías, Adviento nos insta a proclamar el derecho a la esperanza y la alegría en medio de situaciones personales y colectivas desesperanzadas, por muy extraño que parezca. Los sonidos de nuestra sociedad todavía son, demasiadas veces, quejas y lamentos ante las faltas de respeto por la vida humana y nuestro entorno natural. Pero en el reino de Dios se escuchan gritos y risas infantiles que nos abren al misterio y la dignidad de lo humano. Puede que exigir el derecho a la alegría de todas y todos suene hoy utópico, pero solo las utopías hacen avanzar nuestra historia.
En este tiempo de Adviento, enciende la luz de la alegría y fija tu mirada en ella.
Oración de Rumi
A veces olvido
que fui creado para la alegría.
Mi mente está demasiado ocupada.
Mi corazón está demasiado pesado
para recordar
que he sido
llamado a bailar
la danza sagrada de la vida.
Fui creado para sonreír
para amar
para ser elevado
y para elevar a otros.
Oh Sagrado
Desenreda mis pies
de toda esa trampa
Libera mi alma.
Para que podamos
bailar
y que nuestro baile
sea contagioso.