Iglesia Evangélica Española

Misión

La mis­ión de la IEE, defini­da en su vocación inter­na, se real­iza en la Ado­ración y Comu­nión de los san­tos (1 Cor­in­tios 1, 2); esta se man­i­fi­es­ta en lo que el após­tol Pablo lla­maría respon­s­abil­i­dad de los unos a las otras: cuida­do, amor, respeto, pacien­cia, y un largo etcétera de apel­a­tivos que podríamos resumir en frater­nidad y soror­i­dad de sus miem­bros, sea cual sea su vin­cu­lación o com­pro­miso, que se man­i­fi­es­ta de for­ma mís­ti­ca en los sacra­men­tos, como sig­nos de la gra­cia del Dios tri­no, Padre, Hijo y Espíritu San­to, que se vis­i­bi­liza en el bautismo, la San­ta Cena y la procla­mación de la Pal­abra.

El espa­cio cen­tral de la ado­ración es nue­stro cul­to vital (Romanos 12, 1), que cel­e­bra al Dios de la vida en todos los espa­cios de comu­nión de los miem­bros y en la vida de cada uno y cada una de ellas. Es mis­ión de la comu­nidad la acogi­da y for­ma­ción con­tin­ua de los miem­bros, para que el crec­imien­to y for­t­aleza de nues­tra fe arraiguen en val­ores bíbli­cos, leí­dos des­de una inter­pretación abier­ta, con­tex­tu­al­iza­da y rel­e­vante de las escrit­uras en nues­tra vida y sociedad.

La mis­ión inter­na de la igle­sia, tiene una vocación exter­na que se man­i­fi­es­ta en su pre­ocu­pación y respon­s­abil­i­dad por el lugar en el que está con­vo­ca­da. Así pues, son nues­tra respon­s­abil­i­dad las per­sonas, a las que servi­mos en sus necesi­dades, tan­to espir­i­tuales como mate­ri­ales, tra­ba­jan­do con respeto y dig­nificán­dolas con y en nues­tra aten­ción. No es nues­tra labor con­vencer, sino dar, estar dis­puestos y dis­pues­tas a cubrir las necesi­dades indi­vid­uales y sociales de nue­stro entorno, anun­cian­do con nue­stros actos el Reino de Dios y su jus­ti­cia y vivien­do el Evan­ge­lio que procla­mamos, en todas nues­tras opciones y deci­siones.

Nues­tra mis­ión inter­na y exter­na se unen en una voz proféti­ca que procla­ma la éti­ca del Evan­ge­lio como espa­cio de nue­va vida ple­na, armóni­ca en la paz y la jus­ti­cia para toda la creación (Romanos 8, 19).

La mis­ión de la IEE se encam­i­na hacia la plen­i­tud del cuer­po de Cristo (Efe­sios 4, 13), com­pro­metién­donos en la tarea de vivir el Reino de Dios y su men­saje. Por eso, tra­ba­jamos para que nues­tras con­gre­ga­ciones sean comu­nidades sanado­ras, lib­er­ado­ras e inclu­si­vas para todos y todas, donde nadie se sien­ta juz­ga­do o dis­crim­i­na­do, y con un espe­cial enfoque en los jóvenes, los niños y las niñas. Quer­e­mos dejar atrás el lengua­je reli­gioso inin­tel­igi­ble para las nuevas gen­era­ciones y para el mun­do sec­u­lar, porque es nues­tra labor encar­nar la Pal­abra en una voz que pue­da ser enten­di­da y abraza­da por todas y todos (1 Cor­in­tios 2, 14).

Visión

La visión de la IEE se enmar­ca en un carác­ter dialo­gante y ecuméni­co que bus­ca los espa­cios para com­par­tir con aque­l­los y aque­l­las que no son iguales a nosotros, cre­an­do puentes de unión que nos per­mi­tan tra­ba­jar, des­de la diver­si­dad, en la unidad del Espíritu (Efe­sios 4, 5).

Valores

La mis­ión y la visión de la IEE se con­struyen den­tro del mar­co de los val­ores del Reino de Dios, con los cuales nos hemos com­pro­meti­do como igle­sia. Estos val­ores mar­can y definen nue­stro tra­ba­jo inter­no y exter­no, sien­do nues­tra guía el men­saje y la vida de Jesús y su refle­jo en la Declaración de Dere­chos Humanos.

Así pues, nos con­stru­imos como una igle­sia trans­par­ente, en su hac­er humano y económi­co, y basa­da en val­ores democráti­cos de par­tic­i­pación, definidos en nues­tra sin­odal­i­dad. Vivi­mos la lib­er­tad de con­cien­cia como un don del Espíritu, siem­pre en diál­o­go inter­no y exter­no, mar­ca­do por la éti­ca del amor, la for­ma­ción teológ­i­ca y el dis­cern­imien­to espir­i­tu­al, que están clara­mente rep­re­sen­ta­dos en el cuer­po pas­toral de la igle­sia, al que escuchamos.

Aco­ge­mos la mul­ti­forme gra­cia de Dios como el don de la diver­si­dad, en el que el diál­o­go se con­struye como un espa­cio de conocimien­to mutuo y de ben­di­ción de los unos para las otras. Por eso creemos en el ecu­menis­mo, en la Mesa abier­ta y en el diál­o­go Inter­re­li­gioso caminos que mar­can la meta de la paz para el mun­do que nos rodea.

De la mis­ma for­ma, tra­ba­jamos por la igual­dad de los seres humanos en todos los sen­ti­dos, sea cual sea su género, etnia, religión, ori­entación sex­u­al o con­vic­ción. Nue­stro mar­co es la dig­nidad de todos los seres humanos, pen­sa­dos en Dios como una gran famil­ia en la que las unas cuidan de los otros y todos y todas de nues­tra casa común.

(Del Plan Estratégi­co de la IEE.)