Lunes, 6 de abril de 2026
Prof. Juan Sánchez
Salmo 1 Feliz quien medita los Salmos
Feliz quien no sigue el consejo de los malvados,
ni anda mezclado con pecadores,
ni en grupos de necios toma asiento
sino que se recrea en la Ley del Señor,
meditándola día y noche.
Será como un árbol plantado junto al río:
da fruto a su tiempo y sus hojas no se secan.
Todo cuanto emprenda, tendrá éxito.
No sucede lo mismo con los malvados,
pues son como paja que se lleva el viento.
No vencerán los malvados en el juicio,
ni los pecadores en la reunión de los justos,
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los malvados acaba mal.
Feliz, quien cada mañana se levanta, sabiendo que en su vida no hay lugar para necedades, para enredarse en las mentiras de la vida, para amistar con malvados, para intimar con gente inicua, sino que se recrea en todo lo bueno y bello que Dios nos ofrece al despuntar el alba.
Así despunta el libro de los Salmos, que se abre con uno que felicita a quienes leen y meditan los Salmos, por eso sirve de prólogo al Salterio.
Un salmo que promete vida abundante a quien, día y noche, sabe poner su corazón en todo lo verdadero, lo bueno, lo justo, lo bello, lo que edifica, lo que consuela, lo que fortalece el alma, apartándose de todo aquello que es ruin y miserable, o sin necesidad de tales extremos, aquello que simplemente nos quita las ganas de vivir.
Feliz todo aquel que sabe que el camino de los justos está protegido por la verdad y que el camino de los malvados está destinado a la desolación, porque experimenta cada momento de su vida, que solo tiene futuro aquello que construimos desde la generosidad y el amor.
El salmista nos invita a recrearnos en la Ley del Señor, meditándola de día y de noche. Y es que la ley del Señor no es algo ajeno a nosotros; es la llamada interior a la plenitud de la vida.
Y la plenitud de la vida, nosotros cristianos, sabemos que se ha revelado a la humanidad, en Jesús “el Cristo”, el Ungido con el Espíritu de Dios, de ahí que cuando oramos este Salmo, podemos decir:
Feliz quien no sigue el consejo de los malvados,
ni anda mezclado con pecadores,
ni en grupos de necios toma asiento,
sino que se recrea en la vida de Jesús de Nazaret,
meditándola día y noche.
Oración: Padre, danos tu Espíritu de Vida, para que podamos recrearnos, día y noche, en la vida de Jesús de Nazaret; capacitándonos así para ver que el futuro pertenece a los que viven como él y no a los malvados que solo generan desolación y angustia a su alrededor. Amén.