Iglesia Evangélica Española

Devocional semanal

Lunes, 30 de septiembre de 2024

Siem­pre gra­cia (I)

Pastor Rubén Bernal

Un devo­cional con­siste en fre­nar los que­hac­eres, e ir a beber del pozo (Jn 4,14). Te invi­to a que no leas a la lig­era sino con un corazón recep­ti­vo que reconoce su propia «sed del Dios vivo» (Sal 42,2).

Escuchemos –per­míteme que lo diga así, «escuchemos»–, las pal­abras de Jesús:

28Venid a mí todos los que estáis tra­ba­ja­dos y car­ga­dos, y yo os haré des­cansar. 29Lle­vad mi yugo sobre vosotros, y aprend­ed de mí, que soy man­so y humilde de corazón; y hal­laréis des­can­so para vues­tras almas; 30porque mi yugo es fácil, y lig­era mi car­ga. (Mateo 11,28–30 RV60).

Sobre estas pal­abras el teól­o­go José Lagu­na indi­ca que no son un sim­ple slo­gan reli­gioso, sino que se tra­ta de la respues­ta que Jesús daba a las per­sonas que, cansadas y ago­b­i­adas, se le ech­a­ban lit­eral­mente enci­ma (cf. Mc 3,9–10).1

Des­de nues­tras viven­cias actuales, des­de nues­tras car­gas y prob­le­mas, des­de nues­tra real­i­dad, Jesús viene con los bra­zos abier­tos per­mi­tien­do que cor­ramos a él y nos echemos enci­ma. Lo que quizá nos sor­pren­da es que, como el padre bueno de la famosa parábo­la del hijo pródi­go, sea él quien cor­ra hacia nosotros a recibirnos (Lc 15,20). No te voy a men­tir, yo tam­bién ando con can­san­cio, con car­gas y con ago­b­ios y estoy cor­rien­do a toda prisa para abrazarme a Jesús. Si com­partes este sen­tir ven con­mi­go.

No sé si se debe a que los días que nos han toca­do vivir son difí­ciles («los días son mal­os», Ef. 5,16) pero perci­bo que todo el mun­do anda cansa­do, es inevitable sen­tirnos hechos trizas. Si no es por el tra­ba­jo, es por otra situación. Jesús quiere decir algo.

Con­viene adver­tir, como podemos apre­ciar en el escaparate de las redes sociales de muchas per­sonas creyentes, que hay un mon­tón de pos­tu­la­dos de fe y algunos no son sanos aunque encon­tremos ele­men­tos atrac­tivos o de aparente seguri­dad en ellos. Atraí­dos por ideas equiv­o­cadas podemos sen­tirnos per­di­dos en caminos ári­dos y baldíos que se pub­lic­i­tan como oasis de espir­i­tu­al­i­dad y lib­eración, pero cuan­do tran­si­tas esos senderos yer­mos des­cubres que sus prop­ues­tas son alien­antes hacien­do del can­san­cio acu­mu­la­do una car­ga más grande. Espe­jis­mos de Jesús sin Jesús.

Pero aquel que se nos pre­sen­ta como «camino, ver­dad y vida» (Jn 14,6) no solo es «camino» por el cual nosotros hemos de tran­si­tar con nue­stro seguimien­to; es el amoroso «camino» de Dios hacia ti y hacia mí. Primero es camino que viene hacia nosotros y aho­ra nosotros cam­i­namos en él.

Cristo es la respues­ta de Dios a nues­tra situación reven­ta­da. En Jesús Dios nos ha regal­a­do su «sí». En pal­abras de Barth: «En Jesu­cristo se hace vis­i­ble lo invis­i­ble: que Dios no cesa de decirnos Sí».2

Nece­si­ta­mos, des­de el Espíritu, abrirnos a la sor­pre­sa de Dios, recibir su pos­i­ti­va afir­ma­ción. Parece que a veces las per­sonas creyentes esta­mos tan famil­iar­izadas con cier­tos pasajes bíbli­cos que, como si estu­viése­mos algún tipo de inmu­nización, no dejamos que estos nos vehiculen hacia la sor­pre­sa. El encuen­tro con Dios es sor­pre­sa.

Tal vez sea que, por medio de esos escaparates públi­cos, esta­mos car­ga­dos de oír dis­cur­sos util­i­taris­tas sobre Dios, instru­men­tal­izan­do a la Bib­lia de for­ma ilegí­ti­ma, que has­ti­a­dos de un fal­so evan­ge­lio quer­e­mos bus­car la solu­ción al can­san­cio en otros bra­zos. Pero…

Pero viene Jesús, el ver­dadero Jesús, y nos repite:

— Acer­caos a mí quienes estáis hechos pol­vo, quienes sen­tís ago­tamien­to. Quienes no podéis más con el can­san­cio de la tarea cotid­i­ana, el estrés, el burnout, el bajón aními­co, el har­taz­go de la tarea cotid­i­ana o el peso de la adver­si­dad. Venid a mí quienes sen­tís el can­san­cio de las «pesadas car­gas» fari­saicas y exper­i­men­táis reli­giosi­dades tóx­i­cas y fanatismos deshu­man­izantes. Venid a mí los que ya no podáis más, y yo os haré des­cansar.

A ti y a mí nos con­viene respon­der nue­va­mente a la invitación de Jesús como tal vez ya le diji­mos hace algún tiem­po: «-¿A quién ire­mos si solo tú tienes pal­abra de vida definitiva/Eterna» (Jn 6,68), o como podremos decir tam­bién: «-¿A quién ire­mos si solo tú tienes pal­abras sanado­ras para nue­stro ago­tamien­to». El Cru­ci­fi­ca­do y Resuci­ta­do en su sol­i­dari­dad y entre­ga hacia el ser humano, en su propia encar­nación, sabe bien lo que es el can­san­cio humano y lo que es estar apalea­do. Acud­i­mos a quien nos com­prende de ver­dad.

«Él da esfuer­zo al cansa­do, y mul­ti­pli­ca las fuerzas al que no tiene ningu­nas» (Isaías 40,29).

Ore­mos:

Señor, tú que com­pren­des nue­stro can­san­cio, nues­tras flaque­zas y nues­tra debil­i­dad y dolores, danos fuerzas para con­tin­uar el camino. En el nom­bre de Jesús.

Amén.



NOTAS

1 J. LAGUNA; Acogerse a sagra­do. La con­struc­ción políti­ca de lugares hab­it­a­bles. Cuader­nos CJ Nº 210 (Barcelona: Cris­tian­isme i jus­ti­cia, sept. 2018) p.12.

2 K. BARTH; Car­ta a los Romanos (Madrid: BAC, 1998) p.233.