Iglesia Evangélica Española

Devocional semanal

Lunes, 24 de febrero de 2025

Imá­genes del Reino, prin­ci­p­ios para la vida cris­tiana (IV)

Pastor Joan Medrano

Lucas 15 1–10

Muchos recau­dadores de impuestos y pecadores se acer­ca­ban a Jesús para oír­lo, de modo que los fariseos y los mae­stros de la ley se pusieron a mur­mu­rar: «Este hom­bre recibe a los pecadores y come con ellos».

Él entonces les con­tó esta parábo­la: «Supong­amos que uno de vosotros tiene cien ove­jas y pierde una de ellas. ¿No deja las noven­ta y nueve en el cam­po, y va en bus­ca de la ove­ja per­di­da has­ta encon­trar­la? Y, cuan­do la encuen­tra, lleno de ale­gría la car­ga en los hom­bros y vuelve a la casa. Al lle­gar, reúne a sus ami­gos y veci­nos, y les dice: “Ale­graos con­mi­go; porque encon­tré la ove­ja que se me había per­di­do”. Os digo que así es tam­bién en el cielo: habrá más ale­gría por un solo pecador que se arrepi­en­ta que por noven­ta y nueve jus­tos que no nece­si­tan arrepen­tirse.

O supong­amos que una mujer tiene diez mon­edas de pla­ta y pierde una. ¿No enciende una lám­para, barre la casa y bus­ca con cuida­do has­ta encon­trar­la? Y, cuan­do la encuen­tra, reúne a sus ami­gas y veci­nas, y les dice: “Ale­graos con­mi­go; porque encon­tré la mon­e­da que se me había per­di­do”. Os digo que así mis­mo se ale­gra Dios con sus ánge­les por un pecador que se arrepi­ente.»


Dos parábo­las de Jesús, que tratan un tema muy sim­i­lar y tienen un men­saje común: la mis­eri­cor­dia y el amor de Dios por lo que se haya per­di­do.

En la parábo­la del buen pas­tor, Jesús colo­ca la figu­ra del pas­tor de ove­jas y la iden­ti­fi­ca con el amor y la mis­eri­cor­dia de Dios. Esto en sí apare­cería como escan­daloso a ojos de los críti­cos que acech­a­ban a Jesús, ya que los pas­tores de ove­jas eran aho­ra vis­tos como gente baja y de mala fama.

En la segun­da parábo­la Jesús uti­liza otra figu­ra que sin duda era chocante para los encum­bra­dos críti­cos: una mujer, y mujer pobre.

Esta ima­gen de Jesús como el buen pas­tor ha lla­ma­do la aten­ción de los cris­tianos de todas las épocas y lat­i­tudes. Jesús como el Buen Pas­tor sim­boliza la mis­eri­cor­dia y amor tier­no de Dios para con los seres humanos, débiles y pecadores, que somos todos nosotros.

Dios nos ama y nos bus­ca entrañable­mente, tal como aque­l­la pobre mujer bus­ca­ba su mon­e­da per­di­da, tal como el buen pas­tor que bus­ca su ove­ja per­di­da has­ta encon­trar­la. Si aban­don­amos acti­tudes hipócritas y auto­su­fi­cientes, como las de los fariseos y mae­stros de la ley, si recono­ce­mos que somos pobres y no ten­emos méri­to alguno, per­mi­tire­mos que Dios nos pue­da encon­trar, en Cristo Jesús.

¡Qué ima­gen tan poderosa! El prin­ci­pio de vida es la grat­i­tud. Dice el refranero: ¡Es de bien naci­dos ser agrade­ci­dos!

Oración

Señor, gra­cias por salir a bus­carnos en Jesu­cristo cuan­do, cada uno y una de nosotros y noso­tras, estábamos per­di­dos de dis­tin­tas man­eras. Gra­cias por el amor que der­ra­mas sobre nosotros. Ayú­danos a ser agrade­ci­dos y agrade­ci­das por nues­tras vidas, por todo lo que nos ofre­ces día a día.

Te damos las gra­cias en el nom­bre de Jesús. Amén.