El domingo 22 de diciembre encendíamos la cuarta vela de Adviento, que simboliza el amor. Estamos impacientes a las puertas de la gran celebración de Navidad, inundada por la ternura de Dios que se encarna en Jesús. Hoy, el devocional diario del leccionario nos propone la siguiente lectura en Colosenses 1:15–20:
15Cristo es la imagen del Dios invisible,
el primogénito de todo lo creado.
16Dios ha creado en él todas las cosas:
todo lo que existe en el cielo y en la tierra,
lo visible y lo invisible,
sean tronos, dominaciones,
principados o potestades,
todo lo ha creado Dios
por Cristo y para Cristo.
17Cristo existía antes que hubiera cosa alguna,
y todo tiene en él su consistencia.
18Él es también la cabeza
del cuerpo que es la Iglesia;
en él comienza todo;
él es el primogénito
de los que han de resucitar,
teniendo así la primacía de todas las cosas.
19Dios, en efecto, tuvo a bien
hacer habitar en Cristo la plenitud
20y por medio de él reconciliar
consigo todos los seres:
los que están en la tierra
y los que están en el cielo,
realizando así la paz
mediante la muerte de Cristo en la cruz.
El texto de Colosenses es, muy probablemente, un antiguo credo o un himno de las primeras comunidades cristianas que celebraba la memoria de Jesús. Es una profunda y densa reflexión sobre quién es el Cristo y qué hizo por la humanidad. En cuanto a lo primero, Colosenses confiesa que Jesús el Cristo, quien “pasó por todas partes haciendo el bien y curando a todos los que padecían oprimidos por el diablo” (Hechos 10:38), fue “la imagen del Dios invisible”, el rostro humano de Dios. Como Colosenses, Adviento también nos habla del misterio de la encarnación, que nació de la gracia y la ternura divinas y nos invita a ejercer esa misma ternura.
En cuanto a lo segundo, Colosenses confiesa que Dios decidió “por medio de él reconciliar/consigo todos los seres: […] realizando así la paz/mediante la muerte de Cristo en la cruz”. La lectura insiste una y otra vez en “todo”: “el primogénito de todo lo creado” (v. 15), “Dios ha creado en él todas las cosas:/todo lo que existe en el cielo y en la tierra […] todo lo ha creado Dios/por Cristo y para Cristo” (v. 16), “todo tiene en él su consistencia” (v.17), “en él comienza todo […] teniendo así la primacía de todas las cosas” (v. 18), “y por medio de él reconciliar/consigo todos los seres” (v. 20). No olvidemos que Adviento confirma que la ternura de Dios acoge a todo y a todos.
Así como Cristo había sido el gran testigo del Padre, ahora la Iglesia debe ser testigo de Jesús, animada por el Espíritu. Adviento nos insta a considerar que hoy la imagen de Jesús el Cristo sólo podrá hacerse visible en el mundo a través de sus hermanos y hermanas, que hoy nos toca encarnar la ternura de Dios. Como afirma el filósofo Jaime Nubiola: «aplicando una ternura inteligente pueden cerrarse heridas a nivel familiar, pueden pensarse mejor las relaciones laborales para minimizar los conflictos y puede aminorarse la beligerancia social.» ¡Y qué necesitamos estamos de todo ello!
(https://filosofiaparaelsigloxxi.wordpress.com/2019/06/15/el-valor-de-la-ternura/ )
En este tiempo de Adviento, enciende la luz de la ternura y fija tu mirada en ella.
Oración
Terminamos con un fragmento del poema de la poetisa chilena y premio Nobel Gabriela Mistral dedicado a Jesús crucificado.
¿De qué quiere usted la imagen? Preguntó el imaginero:
Tenemos santos de pino,
Hay imágenes de yeso,
Mire este Cristo yacente,
Madera de puro cedro,
Depende de quién la encarga,
Una familia o un templo,
O si el único objetivo
Es ponerla en un museo.
Déjeme, pues, que le explique,
Lo que de verdad deseo.
[…]
Yo quiero una imagen viva
De un Jesús Hombre sufriendo,
Que ilumine a quien la mire
El corazón y el cerebro.
Vaya a buscarla en las calles
Entre las gentes sin techo,
En hospicios y hospitales
Donde haya gente muriendo,
En los centros de acogida
En que abandonan a viejos,
En el pueblo marginado,
Entre los niños hambrientos,
En mujeres maltratadas,
En personas sin empleo.
Pero la imagen de Cristo
No la busque en los museos,
No la busque en las estatuas,
En los altares y templos.
Ni siga en las procesiones
Los pasos del Nazareno,
No la busque de madera,
De bronce de piedra o yeso,
¡Mejor busque entre los pobres
Su imagen de carne y hueso!