Iglesia Evangélica Española

Devocional semanal

Lunes, 23 de diciembre de 2024

Advien­to (IV)

Pastora Lidia Rodríguez

El domin­go 22 de diciem­bre encendíamos la cuar­ta vela de Advien­to, que sim­boliza el amor. Esta­mos impa­cientes a las puer­tas de la gran cel­e­bración de Navi­dad, inun­da­da por la ter­nu­ra de Dios que se encar­na en Jesús. Hoy, el devo­cional diario del lec­cionario nos pro­pone la sigu­iente lec­tura en Colosens­es 1:15–20:

15Cristo es la ima­gen del Dios invis­i­ble,
el pri­mogéni­to de todo lo crea­do.
16Dios ha crea­do en él todas las cosas:
todo lo que existe en el cielo y en la tier­ra,
lo vis­i­ble y lo invis­i­ble,
sean tronos, dom­i­na­ciones,
prin­ci­pa­dos o potes­tades,
todo lo ha crea­do Dios
por Cristo y para Cristo.
17Cristo existía antes que hubiera cosa algu­na,
y todo tiene en él su con­sis­ten­cia.
18Él es tam­bién la cabeza
del cuer­po que es la Igle­sia;
en él comien­za todo;
él es el pri­mogéni­to
de los que han de resuci­tar,
tenien­do así la pri­macía de todas las cosas.
19Dios, en efec­to, tuvo a bien
hac­er habitar en Cristo la plen­i­tud
20y por medio de él rec­on­cil­iar
con­si­go todos los seres:
los que están en la tier­ra
y los que están en el cielo,
real­izan­do así la paz
medi­ante la muerte de Cristo en la cruz.

El tex­to de Colosens­es es, muy prob­a­ble­mente, un antiguo cre­do o un him­no de las primeras comu­nidades cris­tianas que cel­e­bra­ba la memo­ria de Jesús. Es una pro­fun­da y den­sa reflex­ión sobre quién es el Cristo y qué hizo por la humanidad. En cuan­to a lo primero, Colosens­es con­fiesa que Jesús el Cristo, quien “pasó por todas partes hacien­do el bien y curan­do a todos los que padecían oprim­i­dos por el dia­blo” (Hechos 10:38), fue “la ima­gen del Dios invis­i­ble”, el ros­tro humano de Dios. Como Colosens­es, Advien­to tam­bién nos habla del mis­te­rio de la encar­nación, que nació de la gra­cia y la ter­nu­ra div­inas y nos invi­ta a ejercer esa mis­ma ter­nu­ra.

En cuan­to a lo segun­do, Colosens­es con­fiesa que Dios decidió “por medio de él reconciliar/consigo todos los seres: […] real­izan­do así la paz/mediante la muerte de Cristo en la cruz”. La lec­tura insiste una y otra vez en “todo”: “el pri­mogéni­to de todo lo crea­do” (v. 15), “Dios ha crea­do en él todas las cosas:/todo lo que existe en el cielo y en la tier­ra […] todo lo ha crea­do Dios/por Cristo y para Cristo” (v. 16), “todo tiene en él su con­sis­ten­cia” (v.17), “en él comien­za todo […] tenien­do así la pri­macía de todas las cosas” (v. 18), “y por medio de él reconciliar/consigo todos los seres” (v. 20). No olvidemos que Advien­to con­fir­ma que la ter­nu­ra de Dios acoge a todo y a todos.

Así como Cristo había sido el gran tes­ti­go del Padre, aho­ra la Igle­sia debe ser tes­ti­go de Jesús, ani­ma­da por el Espíritu. Advien­to nos ins­ta a con­sid­er­ar que hoy la ima­gen de Jesús el Cristo sólo podrá hac­erse vis­i­ble en el mun­do a través de sus her­manos y her­manas, que hoy nos toca encar­nar la ter­nu­ra de Dios. Como afir­ma el filó­so­fo Jaime Nubi­o­la: «apli­can­do una ter­nu­ra inteligente pueden cer­rarse heri­das a niv­el famil­iar, pueden pen­sarse mejor las rela­ciones lab­o­rales para min­i­mizar los con­flic­tos y puede amino­rarse la belig­er­an­cia social.» ¡Y qué nece­si­ta­mos esta­mos de todo ello!
(https://filosofiaparaelsigloxxi.wordpress.com/2019/06/15/el-valor-de-la-ternura/ )

En este tiem­po de Advien­to, enciende la luz de la ter­nu­ra y fija tu mira­da en ella.

Oración

Ter­mi­namos con un frag­men­to del poe­ma de la poet­i­sa chile­na y pre­mio Nobel Gabriela Mis­tral ded­i­ca­do a Jesús cru­ci­fi­ca­do.

¿De qué quiere ust­ed la ima­gen? Pre­gun­tó el imag­inero:
Ten­emos san­tos de pino,
Hay imá­genes de yeso,
Mire este Cristo yacente,
Madera de puro cedro,
Depende de quién la encar­ga,
Una famil­ia o un tem­p­lo,
O si el úni­co obje­ti­vo
Es pon­er­la en un museo.
Déjeme, pues, que le explique,
Lo que de ver­dad deseo.
[…]
Yo quiero una ima­gen viva
De un Jesús Hom­bre sufrien­do,
Que ilu­mine a quien la mire
El corazón y el cere­bro.
Vaya a bus­car­la en las calles
Entre las gentes sin techo,
En hos­pi­cios y hos­pi­tales
Donde haya gente murien­do,
En los cen­tros de acogi­da
En que aban­do­nan a viejos,
En el pueblo mar­gin­a­do,
Entre los niños ham­bri­en­tos,
En mujeres mal­tratadas,
En per­sonas sin empleo.
Pero la ima­gen de Cristo
No la busque en los museos,
No la busque en las estat­uas,
En los altares y tem­p­los.
Ni siga en las pro­ce­siones
Los pasos del Nazareno,
No la busque de madera,
De bronce de piedra o yeso,
¡Mejor busque entre los pobres
Su ima­gen de carne y hue­so!