Iglesia Evangélica Española

Devocional semanal

Lunes, 15 de septiembre de 2025

Tiem­po de la Creación 2025 (III)

Pastor Israel Flores

Isaías 32:16:
«Y La jus­ti­cia morará en el desier­to,
y en el cam­po fér­til habitará la rec­ti­tud.»

La visión proféti­ca de Isaías no se limi­ta a describir una nat­u­raleza trans­for­ma­da por la acción del Espíritu, como en el ver­sícu­lo ante­ri­or, sino que intro­duce aquí un ele­men­to fun­da­men­tal: la jus­ti­cia y la rec­ti­tud. La regen­eración de la tier­ra no es úni­ca­mente un fenó­meno biológi­co o ecológi­co, sino una man­i­festación inte­gral del orden de Dios, donde la dimen­sión social, éti­ca y espir­i­tu­al se entre­lazan con la ecológ­i­ca. El pro­fe­ta anun­cia que la jus­ti­cia, prin­ci­pio esen­cial del reina­do divi­no, se estable­cerá pre­cisa­mente en el desier­to, lugar de la caren­cia y la exclusión; y que en los cam­pos fér­tiles —sím­bo­lo de abun­dan­cia y vida— habitará la rec­ti­tud.

En clave ecológ­i­ca, este ver­sícu­lo nos invi­ta a recono­cer que no puede haber restau­ración de la creación sin jus­ti­cia. El dete­ri­oro ambi­en­tal está lig­a­do a estruc­turas de desigual­dad e injus­ti­cia que empo­bre­cen tan­to a las comu­nidades humanas como a los eco­sis­temas. Allí donde la tier­ra se deser­ti­fi­ca, no sólo se empo­brece la nat­u­raleza, sino tam­bién los pueb­los que depen­den de ella. El anun­cio de Isaías nos recuer­da que la jus­ti­cia de Dios no se limi­ta a lo espir­i­tu­al, sino que abar­ca la total­i­dad de la vida: rela­ciones humanas, estruc­turas sociales y equi­lib­rio con la tier­ra.

La jus­ti­cia que “morará en el desier­to” sim­boliza la posi­bil­i­dad de que los lugares mar­ginales y empo­bre­ci­dos se con­vier­tan en espa­cios de dig­nidad. Allí donde se ha exper­i­men­ta­do el aban­dono, la rec­ti­tud de Dios se establece como garan­tía de vida. Y la rec­ti­tud que “habitará en el cam­po fér­til” advierte que la abun­dan­cia debe estar acom­paña­da por la éti­ca: los recur­sos nat­u­rales, la fer­til­i­dad de la tier­ra y la pros­peri­dad agrí­co­la no pueden ser explota­dos con cod­i­cia, sino admin­istra­dos con rec­ti­tud, en fidel­i­dad al designio divi­no de jus­ti­cia y paz.

Des­de la espir­i­tu­al­i­dad cris­tiana, este tex­to nos lla­ma a un com­pro­miso pro­fun­do con la jus­ti­cia ecológ­i­ca. Orar por la restau­ración de la creación es insep­a­ra­ble de tra­ba­jar por un mod­e­lo económi­co y social que respete los límites de la tier­ra y que ase­gure el bien común.

El pro­fe­ta nos recuer­da que la ver­dadera fer­til­i­dad no se mide solo en tér­mi­nos de rendimien­to o pro­duc­tivi­dad, sino en la capaci­dad de la tier­ra de sosten­er la vida en armonía. El cam­po fér­til sin rec­ti­tud se con­vierte en espa­cio de explotación y destruc­ción; en cam­bio, con rec­ti­tud se trans­for­ma en sig­no de la nue­va creación.

Así, Isaías nos enseña que la jus­ti­cia y la rec­ti­tud no son real­i­dades abstrac­tas, sino pres­en­cias conc­re­tas que moran y habi­tan en la tier­ra. La restau­ración ecológ­i­ca, sosteni­da por el Espíritu de Dios, es insep­a­ra­ble de una trans­for­ma­ción éti­ca que colo­ca a la jus­ti­cia en el cen­tro. Esta visión proféti­ca sigue inter­pelán­donos hoy: la regen­eración de la creación no es posi­ble sin una con­ver­sión de nue­stros esti­los de vida y de nues­tras estruc­turas sociales hacia la jus­ti­cia del Reino de Dios.

Oración:
Ore­mos por el mun­do de Dios.
Para que su belleza se pre­serve,
para que las naciones más pobres del mun­do
no cosechen sus cam­pos
solo para llenar mesas extran­jeras.
Señor, óyenos.
Para que Cristo, quien señaló a los pájaros,
las flo­res, el maíz, el atarde­cer,
no encuen­tre su belleza ausente
si regre­sara.
Señor, óyenos.
Hag­amos como dijo Jesús:
Con­sid­er­e­mos los lirios del cam­po,
pense­mos en las aves del cielo…
y al hac­er­lo, ore­mos por el bien­es­tar del mun­do, su gente y
toda la creación…
Escúchanos, Creador de todo;
con­vierte los cora­zones de quienes dev­as­tan la tier­ra
y for­t­alece la deter­mi­nación de quienes la respetan.
Y ya que la tier­ra es tu rega­lo para nosotros,
impí­denos destru­ir por irreflex­ión
lo que no nos pertenece.
Amén.
(Adap­ta­do de Evening Prayer from Iona Cel­e­brat­ing Cre­ation).