Iglesia Evangélica Española

Devocional semanal

Lunes, 29 de septiembre de 2025

Tiem­po de la Creación 2025 (V)

Pastor Israel Flores

Isaías 32:18
«Mi pueblo habitará en un lugar de paz,
en moradas seguras,
en serenos lugares de reposo.»

Final­mente quer­e­mos tomar una nar­ración, con­stru­i­da sobre el mod­e­lo bíbli­co y con los mate­ri­ales rep­re­sen­ta­tivos de inten­tos de inte­gración y defen­sa de la Tier­ra. Su autor, Robert Müller, es cono­ci­do como “ciu­dadano del mun­do” y “el padre de la edu­cación glob­al”. Es can­ciller eméri­to de la Uni­ver­si­dad de la Paz, crea­da en 1980 por la ONU en Cos­ta Rica, des­de donde se ded­i­ca a los temas de la paz y de la espir­i­tu­al­i­dad. La nar­ración se tit­u­la El nue­vo géne­sis (toma­do del libro de Leonar­do Boff El gri­to de la tier­ra, gri­to de los pobres. Madrid, Trot­ta).

Dice así:

Y Dios vio que todas las naciones de la Tier­ra, negras y blan­cas, pobres y ric­as, del Norte y del Sur, del Ori­ente y del Occi­dente, de todos los cre­dos, envi­a­ban sus emis­ar­ios a un gran edi­fi­cio de cristal a oril­las del río del Sol Naciente, en la isla de Man­hat­tan, para estu­di­ar jun­tos, pen­sar jun­tos y jun­tos cuidar del mun­do y de todos sus pueb­los.
Y Dios dijo: «Eso es bueno.»
Y ese fue el primer día de la Nue­va Era de la Tier­ra.

Y Dios vio que los sol­da­dos de la paz sep­a­ra­ban a los com­bat­ientes de las naciones en guer­ra, que las difer­en­cias se resolvían medi­ante la nego­ciación y el raciocinio y no por las armas, y que los líderes de las naciones se encon­tra­ban, inter­cam­bi­a­ban ideas y unían sus cora­zones, sus mentes, sus almas y sus fuerzas para el ben­efi­cio de toda la humanidad.
Y Dios dijo: «Eso es bueno.»
Y ese fue el segun­do día del Plan­e­ta de la Paz.

Y Dios vio que los seres humanos ama­ban a la total­i­dad de la Creación, las estrel­las y el sol, el día y la noche, el aire y los océanos, la tier­ra y las aguas, los peces y las aves, las flo­res y las plan­tas y a todos sus her­manos y her­manas humanos.
Y Dios dijo: «Eso es bueno.»
Y ese fue el ter­cer día del Plan­e­ta de la Feli­ci­dad.

Y Dios vio que los seres humanos elim­ina­ban el ham­bre, la enfer­medad, la igno­ran­cia y el sufrim­ien­to con toda la Tier­ra, pro­por­cio­nan­do a cada per­sona humana una vida decente con­sciente y feliz, con­trolan­do la avidez, la fuerza y la riqueza de unos pocos.
Y Dios dijo: “Eso es bueno”.
Y ese fue el cuar­to día del Plan­e­ta de la Jus­ti­cia.

Y Dios vio que los seres humanos vivían en armonía con su plan­e­ta y en paz con los demás, ges­tio­nan­do sus recur­sos con sabiduría, evi­tan­do el despil­far­ro, fre­nan­do los exce­sos, susti­tuyen­do el odio por el amor, la avari­cia por el darse por sat­is­fe­cho, la arro­gan­cia por la humil­dad, la división por la coop­eración y la sus­pi­ca­cia por la com­pren­sión.
Y Dios dijo: «Eso es bueno.»
Y ese fue el quin­to día del Plan­e­ta de Oro.

Y Dios vio que las naciones destruían sus armas, sus bom­bas, sus mis­iles, sus bar­cos y aviones de guer­ra, desac­ti­van­do sus bases y desmov­i­lizan­do sus ejérci­tos, man­te­nien­do sólo una policía de la paz para pro­te­ger a los buenos de los mal­os y a los nor­males de los enfer­mos men­tales.
Y Dios dijo: «Eso es bueno.»
Y ese fue el sex­to día del Plan­e­ta de la Razón.

Y Dios vio que los seres humanos recu­per­a­ban a Dios y a la per­sona humana como su Alfa y Omega, reducien­do a las insti­tu­ciones, creen­cias, políti­cas, gob­ier­nos y demás enti­dades humanas a su papel de sim­ples servi­dores de Dios y de los pueb­los. Y Dios los vio adop­tar como ley supre­ma aque­l­la que dice: «Amarás al Dios del Uni­ver­so con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Amarás a tu bel­lo y mar­avil­loso plan­e­ta y lo tratarás con infini­to cuida­do. Amarás a tus her­manos y her­manas humanas como te amas a ti mis­mo. No hay man­damien­tos may­ores que éstos.»
Y Dios dijo: «Eso es bueno.»
Y ese fue el sép­ti­mo día del Plan­e­ta de Dios.