Cada año, del 1 de Septiembre al 4 de Octubre, los cristianos nos unimos en un tiempo de la creación. Es una celebración global de oración y acción para proteger nuestra casa común. Es un tiempo especial en el que celebramos a Dios como Creador y reconocemos a la Creación como el acto divino continuo que nos convoca como colaboradores para amar y cuidar el don de todo lo creado.
Como seguidores de Cristo de todo el mundo, compartimos una llamada común a cuidar de la Creación. Somos co-creaturas y parte de todo lo que Dios ha hecho. Nuestro bienestar está entrelazado con el bienestar de la Tierra.
Este año, el tema del Tiempo de la Creación es Paz con la Creación inspirado en Isaías 32:14–18:
Este primer devocional estará basado en Isaías 32:14
La fortaleza será abandonada y desamparada la ciudad populosa.
Para siempre convertidas en cuevas quedarán la torre y la fortaleza.
Convertidas en deleite de asnos salvajes, en pastizal de rebaños.
El profeta Isaías nos dibuja una escena dura: ciudades vacías, fortalezas en ruinas, lugares de poder reducidos a desolación. Lo que antes fue seguridad y riqueza, ahora es pastizal. Los animales ocupan el espacio que el ser humano dejó y reclaman partes de lo que antes era un hábitat exclusivamente humano, como si el asentamiento humano les hubiera privado de espacio suficiente. Aunque la alegría de un pasto para los animales es sin duda algo bueno en sí mismo, se produce a costa del desplazamiento humano debido al conflicto y no por armonía, sino por guerra y abandono.
Así Isaías nos recuerda algo profundo: cuando la relación con Dios se rompe, cuando hacemos la guerra, cuando explotamos desmesuradamente la tierra, toda la Creación sufre las consecuencias. Hoy vemos esa realidad: contaminación, deforestación, consumo desmedido, guerras genocidas, bosques incendiados… en fin una especie de “guerra contra la Creación”. Una guerra que no es silenciosa y es muy real.
Nuestro impacto ha pasado de lo local a lo global, por el estilo de vida insostenible, consumo excesivo, contaminación constante y una cultura de usar y tirar. Algunos tienen mayor responsabilidad en esta crisis: el consumo de élite, los modelos empresariales explotadores y las teorías económicas que priorizan el beneficio sobre la sostenibilidad. Además, la contaminación, las crisis sanitarias, la deforestación y la minería en zonas de conflicto empeoran la situación.
Sin embargo, el mensaje de Dios no termina en ruinas. Su plan es shalom, una paz que no es solo ausencia de guerra, sino restauración plena. Paz con Dios, con nosotros mismos, con los demás, y con la tierra.
Dios nos llama a ser artífices de la paz (Mateo 5:9). Estamos llamados a vivir en paz, adorar al Creador y trabajar por una comunidad justa y sostenible que se ajuste a los planes eternos de Dios. Como colaboradores del Creador, debemos encarnar la paz con toda la Creación.
Y ahí está nuestra llamada como cristianos y cristianas: cuidar, proteger, reconciliar. La Creación es un don sagrado. Nuestro llamado es a un cuidado de la tierra como agentes de paz. Es ecología, es obediencia, es espiritualidad, es amor.
La paz de Dios surge cuando trabajamos por la justicia, la solidaridad, la reconciliación y la armonía con la Creación. La transformación requiere paciencia, comprensión y confianza. Requiere compromiso también personal.
Hoy quiero dejaros tres preguntas: ¿De qué manera mis hábitos diarios contribuyen a la “guerra contra la Creación”? ¿Cómo puedo vivir de manera más sencilla, más responsable, como testimonio de paz con la tierra? ¿Qué legado quiero dejar a las generaciones que vienen?
Oración:
Creador de todo, te alabamos por el don de la vida y por la fe que nos une en el cuidado de nuestra casa común.
Confesamos lo alejados que nos hemos vuelto: unos de otros, de tu Creación y de nuestra verdadera esencia. Reconocemos que nuestra codicia y nuestros impulsos destructivos han fracturado nuestras relaciones contigo, con los demás y con la Tierra. Los campos fértiles se han vuelto estériles, los bosques yacen desolados, los océanos y los ríos están contaminados.
Muchas ciudades como se han convertido en lugares de sufrimiento, y la Tierra clama por su restauración. Ayúdanos a ser testigos fieles de la paz y la reconciliación. Amén.