Iglesia Evangélica Española

Devocional semanal

Lunes, 1 de septiembre de 2025

Tiem­po de la Creación 2025 (I)

Pastor Israel Flores

Cada año, del 1 de Sep­tiem­bre al 4 de Octubre, los cris­tianos nos uni­mos en un tiem­po de la creación. Es una cel­e­bración glob­al de oración y acción para pro­te­ger nues­tra casa común. Es un tiem­po espe­cial en el que cel­e­bramos a Dios como Creador y recono­ce­mos a la Creación como el acto divi­no con­tin­uo que nos con­vo­ca como colab­o­radores para amar y cuidar el don de todo lo crea­do.

Como seguidores de Cristo de todo el mun­do, com­par­ti­mos una lla­ma­da común a cuidar de la Creación. Somos co-crea­t­uras y parte de todo lo que Dios ha hecho. Nue­stro bien­es­tar está entre­laza­do con el bien­es­tar de la Tier­ra.

Este año, el tema del Tiem­po de la Creación es Paz con la Creación inspi­ra­do en Isaías 32:14–18:

Este primer devo­cional estará basa­do en Isaías 32:14

La for­t­aleza será aban­don­a­da y desam­para­da la ciu­dad pop­u­losa.
Para siem­pre con­ver­tidas en cuevas quedarán la torre y la for­t­aleza.
Con­ver­tidas en deleite de asnos sal­va­jes, en pas­ti­zal de rebaños.

El pro­fe­ta Isaías nos dibu­ja una esce­na dura: ciu­dades vacías, for­t­alezas en ruinas, lugares de poder reduci­dos a des­o­lación. Lo que antes fue seguri­dad y riqueza, aho­ra es pas­ti­zal. Los ani­males ocu­pan el espa­cio que el ser humano dejó y recla­man partes de lo que antes era un hábi­tat exclu­si­va­mente humano, como si el asen­tamien­to humano les hubiera pri­va­do de espa­cio sufi­ciente. Aunque la ale­gría de un pas­to para los ani­males es sin duda algo bueno en sí mis­mo, se pro­duce a cos­ta del desplaza­mien­to humano debido al con­flic­to y no por armonía, sino por guer­ra y aban­dono.

Así Isaías nos recuer­da algo pro­fun­do: cuan­do la relación con Dios se rompe, cuan­do hace­mos la guer­ra, cuan­do explota­mos desmesurada­mente la tier­ra, toda la Creación sufre las con­se­cuen­cias. Hoy vemos esa real­i­dad: con­t­a­m­i­nación, defor­estación, con­sumo desme­di­do, guer­ras geno­ci­das, bosques incen­di­a­dos… en fin una especie de “guer­ra con­tra la Creación”. Una guer­ra que no es silen­ciosa y es muy real.

Nue­stro impacto ha pasa­do de lo local a lo glob­al, por el esti­lo de vida insostenible, con­sumo exce­si­vo, con­t­a­m­i­nación con­stante y una cul­tura de usar y tirar. Algunos tienen may­or respon­s­abil­i­dad en esta cri­sis: el con­sumo de élite, los mod­e­los empre­sar­i­ales explota­dores y las teorías económi­cas que pri­or­izan el ben­efi­cio sobre la sosteni­bil­i­dad. Además, la con­t­a­m­i­nación, las cri­sis san­i­tarias, la defor­estación y la min­ería en zonas de con­flic­to empe­o­ran la situación.

Sin embar­go, el men­saje de Dios no ter­mi­na en ruinas. Su plan es shalom, una paz que no es solo ausen­cia de guer­ra, sino restau­ración ple­na. Paz con Dios, con nosotros mis­mos, con los demás, y con la tier­ra.

Dios nos lla­ma a ser artí­fices de la paz (Mateo 5:9). Esta­mos lla­ma­dos a vivir en paz, ado­rar al Creador y tra­ba­jar por una comu­nidad jus­ta y sostenible que se ajuste a los planes eter­nos de Dios. Como colab­o­radores del Creador, debe­mos encar­nar la paz con toda la Creación.

Y ahí está nues­tra lla­ma­da como cris­tianos y cris­tianas: cuidar, pro­te­ger, rec­on­cil­iar. La Creación es un don sagra­do. Nue­stro lla­ma­do es a un cuida­do de la tier­ra como agentes de paz. Es ecología, es obe­di­en­cia, es espir­i­tu­al­i­dad, es amor.

La paz de Dios surge cuan­do tra­ba­jamos por la jus­ti­cia, la sol­i­dari­dad, la rec­on­cil­iación y la armonía con la Creación. La trans­for­ma­ción requiere pacien­cia, com­pren­sión y con­fi­an­za. Requiere com­pro­miso tam­bién per­son­al.

Hoy quiero dejaros tres pre­gun­tas: ¿De qué man­era mis hábitos diar­ios con­tribuyen a la “guer­ra con­tra la Creación”? ¿Cómo puedo vivir de man­era más sen­cil­la, más respon­s­able, como tes­ti­mo­nio de paz con la tier­ra? ¿Qué lega­do quiero dejar a las gen­era­ciones que vienen?

Oración:
Creador de todo, te alabamos por el don de la vida y por la fe que nos une en el cuida­do de nues­tra casa común. Con­fe­samos lo ale­ja­dos que nos hemos vuel­to: unos de otros, de tu Creación y de nues­tra ver­dadera esen­cia. Recono­ce­mos que nues­tra cod­i­cia y nue­stros impul­sos destruc­tivos han frac­tura­do nues­tras rela­ciones con­ti­go, con los demás y con la Tier­ra. Los cam­pos fér­tiles se han vuel­to estériles, los bosques yacen des­o­la­dos, los océanos y los ríos están con­t­a­m­i­na­dos. Muchas ciu­dades como se han con­ver­tido en lugares de sufrim­ien­to, y la Tier­ra cla­ma por su restau­ración. Ayú­danos a ser tes­ti­gos fieles de la paz y la rec­on­cil­iación. Amén.