Iglesia Evangélica Española

Devocional semanal

Lunes, 23 de mar­zo de 2026

Mal­va

Pas­tor Augus­to G. Mil­ián

A los dis­cípu­los de Jesús hay días en que les lle­gan noti­cias ale­gres. Y hay días que las noti­cias que lle­gan son tristes. Y tan­to las primeras como las segun­das son con­ta­giosas. Y nos cam­bian el día. Deberíamos estar prepara­dos para recibir todas las mar­eas y todos los cier­zos. Todas las fies­tas y todos los due­los. Pero no siem­pre es así.

Aho­ra releemos a Juan 8, 11b:

«Tam­poco yo te con­de­no. Aho­ra vete, y no vuel­vas a pecar.»

La cien­cia del col­or habla del mal­va como inno­vador, es el resul­ta­do de mezclar el vio­le­ta y el rosa. Es un tono que abraza y apre­cia las nuevas ideas, por lo que ayu­da a aque­l­los que se sien­ten soli­tar­ios o rec­haz­a­dos por su man­era de pen­sar. Podríamos decir que es un col­or ami­ga­ble, amable y gen­eroso. Es una bue­na tonal­i­dad para hablar de nues­tra fe.

A los dis­cípu­los de Jesús nos gus­ta bus­car la causa del mal y gen­eral­mente lo hace­mos fuera de la igle­sia. Hay días que es la guer­ra, hay días que el cam­bio climáti­co, hay días que son las injus­ti­cias sociales. Pero lo cier­to es que allí donde vamos hay prob­le­mas. Porque, en real­i­dad, el prob­le­ma está en nue­stro inte­ri­or. Se tra­ta de una car­diopatía.

La lec­tura de este día nos resul­ta famil­iar. Es muy cono­ci­do el pasaje donde a Jesús le traen a una mujer adúl­tera y le pre­gun­tan si hay que lap­i­dar­la o no, mien­tras él está incli­na­do sobre la tier­ra. Es tan pop­u­lar el rela­to que lo usan para hac­er ser­mones tan­to los cris­tianos con­ser­vadores como los lib­erales. Y es que la man­era de ver el mun­do depende, la may­oría de las veces, del cristal con que lo miras. De la man­era que vivi­mos.

Los dis­cípu­los de Jesús, y los que no lo son, siem­pre optan por las pre­gun­tas. Las pre­gun­tas nos ayu­dan a difer­en­ciar los ami­gos de los ene­mi­gos. Nos per­miten eri­gir trincheras. Nos jus­ti­f­i­can para con­ver­tir a los cer­canos en difer­entes. Y nos aclaran a quién per­donar y a quién no.

Extraña­mente, Jesús opta por el perdón y esto nos sigue pre­ocu­pan­do. Jesús se salta nue­stros reglamen­tos, nues­tras con­fe­siones de fe y se ausen­ta de las comi­siones legales, y nosotros mostramos inqui­etud. Mucha inqui­etud.

Esa acti­tud de com­pasión, de gen­erosi­dad, de flex­i­bil­i­dad es la que nos enam­o­ra de Jesús. Es Jesús y no un Con­cilio el que man­da hac­er una fies­ta cuan­do nue­stros her­manos menores regre­san a casa, después de estar per­di­dos.

La pre­gun­ta de la mañana es sen­cil­la: ¿Quieres par­tic­i­par de la fies­ta o pre­fieres quedarte afuera resen­ti­do?

Padre: Aho­ra que se lev­an­ta el sol dame la gra­cia para hac­er uso del perdón. Que mis que­jas no duren todo el día. Que en mis manos no haya piedras. Jesús, que el pol­vo del camino caiga sobre nosotros. Amén.

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