Las muertes provocadas por la represión de los cuerpos policiales marroquíes ante el intento de cruzar la frontera en la valla de Melilla son una vergüenza para toda Europa. Una vergüenza en la frontera sur de Europa.

Como Iglesia Evangélica Española no podemos dejar de denunciar la responsabilidad que tenemos en la protección de las personas y de sus derechos fundamentales cuando establecemos acuerdos bilaterales con otros países como es el caso de Marruecos.

Nos preocupa que nos quedemos en el lamento de las muertes o en felicitar a la policía marroquí por el buen cumplimiento de su acuerdo con nuestro país.

Nos parece extremadamente grave que la ya denunciada “externalización de fronteras” acabe con la muerte de 37 personas, lo que transforma nuestro control de fronteras en un control criminal.

Vergüenza en la frontera sur de Europa

Muchas de las personas que han fallecido o que han sido maltratadas en esta vergüenza en la frontera sur de Europa, son solicitantes de asilo en busca de una ruta más segura que el mortífero Mediterráneo.

Muchos de ellos huyen de Sudan por diferentes causas de persecución, entre ellas la persecución religiosa. Hermanas y hermanos nuestros han muerto en la valla de Melilla.

Consideramos que el necesario control y la gestión de las fronteras no puede convertirse en una acción mortífera.

Reclamamos que la Europa de los derechos humanos debe de hacerlos prevalecer en todos los acuerdos que establezca, especialmente los relacionados con la cuestión migratoria.

 

Como Iglesia están en nuestro pensamiento las personas que no van a recuperar a sus seres queridos. Reclamamos que debería de realizarse un esfuerzo de identificación para aportar consuelo a las familias que han perdido a sus seres queridos buscando una vida mejor.

 

 

 

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