Esperamos en Dios cuando bendecimos su nombre (2)

Esperamos en Dios cuando bendecimos su nombre (2)

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Meditaciones en torno al Salmo 145
Tiempo de Pascua (antes de Pentecostés). Abril y mayo de 2024
Pastor Víctor Hernández Ramírez (IEE)

2º lunes, 8 abril 2024 (Pascua)
Este segundo lunes de Pascua, 8 de abril de 2024, leemos y escuchamos los versos 3–6, del Salmo 145. Los leemos en voz alta, porque los Salmos se recitan, se leen en voz alta, para que sea una palabra audible, sonora, que escuchamos con nuestros oídos y que repetimos con nuestros labios:
(Guímel) 3 El Señor es grande, digno de alabanza,
es insondable su grandeza.
(Dálet) 4 Por generaciones se ensalzarán tus obras,
se contarán tus proezas.
(He) 5 Proclamaré tus maravillas
y el esplendor de tu gloria.
(Vav) 6 Se hablará del poder de tus prodigios,
yo narraré tus grandezas.
El verso 3 dice “el Señor”, que es en realidad el nombre propio del Dios de Israel. Es el nombre que se escribe con 4 letras hebreas y que no se puede pronunciar, y en su lugar se dice “el Señor” o “el Nombre” (la Reina Valera, solía escribir “Jehová” y otras traducciones escriben “Yahvé”).
Pero al decir “el Señor”, sabemos que se trata de quien está bajo el misterio profundo de ese nombre, un nombre que no se puede pronunciar. Es Dios mismo, cuya grandeza es digna de alabanza.
Este quien es Dios mismo, cuya grandeza es insondable, inescrutable. Es decir que la grandeza de Dios excede totalmente nuestra capacidad de entender la grandeza de Dios. Y sin embargo contamos sus proezas, damos testimonio de sus acciones maravillosas y espléndidas. Sin ser capaces de entender del todo y sin poder sondear la grandeza de Dios, hablamos de las grandezas de Dios.
Y lo hacemos como lo hicieron nuestros ancestros, las generaciones que nos preceden. La generación de David, y de los profetas, de las mujeres y los hombres de la Biblia, la generación de la familia de Jesús y Jesús mismo. Todas las generaciones de los cristianos y cristianas de todo el orbe, han contado y han cantado sobre las maravillas y proezas de Dios.
Todos podemos contar experiencias difíciles o negativas. Cada generación puede dar cuenta de las injusticias sufridas y del peso de la oscuridad en muchos momentos. Pero, en medio de esa oscuridad, se levanta la voz del salmista, y con esa voz se levantan otras voces, que meditan en la acción de Dios, que reconocen la grandeza de sus prodigios. Y esas generaciones meditan en las grandezas de Dios, para contarlas a las generaciones venideras.
Entonces, detrás de todas esas mujeres y hombres de antiguas generaciones, tú y yo podemos también unir nuestra voz a esas voces. Tú también. Y yo también. Nosotros podemos meditar en esas maravillas del Señor. Tú y yo, nosotros, podemos narrar las grandezas de Dios, del Padre de nuestro Señor Jesucristo, y decir eso mismo, que hoy nos dice el salmista. Y nuestra voz se hace la misma voz del Salmo, en estos versos, que nos dicen:
(Guímel) 3 El Señor es grande, digno de alabanza,
es insondable su grandeza.
(Dálet) 4 Por generaciones se ensalzarán tus obras,
se contarán tus proezas.
(He) 5 Proclamaré tus maravillas
y el esplendor de tu gloria.
(Vav) 6 Se hablará del poder de tus prodigios,
yo narraré tus grandezas.

Esperamos en Dios cuando bendecimos su nombre

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Meditaciones en torno al Salmo 145
Tiempo de Pascua (antes de Pentecostés). Abril y mayo de 2024
Pastor Víctor Hernández Ramírez (IEE)

Lunes, 1 abril 2024 (Pascua)
Hoy comenzamos una serie de meditaciones en torno al Salmo 145, en este tiempo de la Pascua, que es la celebración de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Pero antes de comenzar, quiero señalar dos notas previas:
La primera es recordar que los Salmos eran recitados y cantados por los judíos, por Israel, por tanto Jesús mismo oraba y alababa a Dios con los Salmos.
Entonces, tú y yo, cada uno de nosotros(as), ora a Dios del mismo modo que Jesús.
En un libro escrito por el pastor Dietrich Bonhoeffer sobre los Salmos, nos dice esto sobre la presencia de Jesucristo en los Salmos:
¿Cómo es posible que un ser humano y Jesucristo oren al mismo tiempo el Salterio? Es el Hijo de Dios hecho hombre quien llevó toda la debilidad humana en su propia carne, es él quien presenta ante Dios el corazón de toda la humanidad, es él quien toma nuestro puesto y ora por nosotros. Él conoció la angustia y el dolor, la culpa y la muerte de un modo más profundo que nosotros. Por eso, aquí se trata de la oración de la naturaleza humana asumida por él y que se presenta ante Dios. Es ciertamente nuestra oración; pero, dado que él nos conoce mejor que nosotros mismos y se hizo verdadero ser humano por nosotros, es también realmente su oración y sólo puede convertirse en oración nuestra porque ha sido suya. (Los Salmos. El libro de oración de la Biblia, 2010 [1940], p. 22)
Entonces, nosotros queremos meditar en este tiempo de Pascua, sobre los versos del Salmo 145. Y lo queremos hacer sabiendo que nosotros oramos con esas palabras del salmista, y es Jesucristo quien ora con esas palabras. Y nuestra oración es así su oración por nosotros y es la nuestra en su nombre.
Y la segunda nota es algo breve sobre este Salmo 145. Es un Salmo alfabético, es decir que está compuesto como un acróstico, pues cada verso comienza con una letra del alefato (alfabeto) hebreo. Evidentemente, esto se pierde en la traducción, pero es importante decirlo porque esto significa que el poema está hecho cuidadosamente para conducirnos y meternos en lo que dice: en esa bendición a Dios, en esa palabra que alaba su nombre y nos bendice a nosotros cuando lo decimos.
El Salmo 145 tiene 21 versos (hay uno que se ha perdido en el texto hebreo, correspondiente a la letra “nun”) y los he agrupado en 7 partes, que serán los 7 lunes de este tiempo de Pascua (7 semanas, hasta el día de Pentecostés). He elegido la traducción Reina Valera, versión o revisión del año 2020, de la Sociedad Bíblica.
Comencemos entonces con los versos de hoy. Ruego que escuchéis la lectura, y que tratéis de escuchar dejando que resuenen, como un eco, como una palabra que escuchamos y que nos hace entrar en eso que nos dice:
(Álef) 1 Dios mío, mi rey, yo te alabaré,
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
(Bet) 2 Cada día te bendeciré,
alabaré tu nombre por siempre jamás.
El salmista se dirige a Dios. Se dirige a Dios y le alaba. Bendice su nombre y eso quiere decir alabarlo. Se dirige a Dios como rey, como su rey. Para nosotros esto no es fácil de entender, porque vivimos en una sociedad donde ya no hay reyes que gobiernen y manden, como los había en el mundo antiguo.
Aunque si hay poderosos que mandan y determinan lo que se hace y lo que no se hace en el mundo. Y en el mundo antiguo también había ese tipo de señores que estaban por encima de todos y que regían la vida de los pueblos.
Pero el salmista no reconoce a otro rey, sino a Dios. Le reconoce como su Señor y le llama “Dios mío”. Esta es la maravilla de las palabras del salmista: está ante Dios mismo, ante el misterio de Dios, y no duda en llamarlo “Dios mío”, porque Dios es lo más lejano y lo más íntimo, Dios es infinitamente grandioso y elevado pero es también el nombre que bendicen los labios del salmista.
Y tú también. Tú y yo también. Nosotros también le llamamos “mi Dios”, le decimos “mi Rey” y le alabamos. Tú. Y yo. Con tus labios le bendices, con nuestros labios le alabamos.
Y en esa bendición que decimos en voz alta, con nuestra boca que le canta o que le nombra, estamos muy cerca de Dios. Como cuando nuestros labios se aproximan para besar, para darnos en ese beso, que está hecho de palabras de bendición.
Entonces, comenzamos así esta primera semana del tiempo de la Pascua. Con el anuncio gozoso de la resurrección de nuestro Señor, queremos alabar y bendecir a Dios, diciendo estos dos versos del Salmo 145:
(Álef) 1 Dios mío, mi rey, yo te alabaré,
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
(Bet) 2 Cada día te bendeciré,
alabaré tu nombre por siempre jamás.

Mensaje de Pascua: Agentes de Dios para la Transformación

Mensaje de Pascua: Agentes de Dios para la Transformación

La Pascua 2024 ya está aquí entre nosotras y nosotros. Demos gracias a Dios. Sí, es hora de celebrar la victoria sobre la muerte y sobre las fuerzas de la muerte, porque el Señor Jesucristo se liberó de los límites de la muerte y de la tumba. Sí, recibimos el llamado a celebrar con alegría y a proclamar que la muerte y el mal no tienen la última palabra: Cristo ha resucitado.

Como personas cristianas, esta celebración se encuentra necesariamente encarnada en el tiempo, el espacio y los contextos en los que vivimos en nuestro mundo quebrantado. El Viernes Santo sigue estando presente entre nuestro ahora y la gloriosa mañana de Pascua. Este año reflexionaremos sobre la Pascua teniendo muy presente el clima de Viernes Santo por todo el dolor y el sufrimiento que nos rodea.

Muchas familias en Israel sufren porque sus seres queridos secuestrados el 7 de octubre de 2023 aún no han sido liberados. Miles de familias en Palestina están de luto porque desde aquel 7 de octubre, sus seres queridos han sido asesinados. Mientras tanto, hace exactamente 10 años, en abril de 2014, 276 niñas de una escuela secundaria fueron secuestradas en Chibok, Nigeria, y más de 90 de ellas siguen aún en cautiverio, y el mundo parece haberlas olvidado. Hay conflictos y guerras en otras partes del mundo que comprometen la vida de muchas personas. Las devastadoras consecuencia de la injusta arquitectura financiera y económica que domina el mundo actual siguen oprimiendo a millones de personas. Y la pecaminosidad humana, visible en la forma irresponsable en que hemos mal administrado la creación de Dios, sigue revelándose en el cambio climático adverso que observamos. Estas son apenas algunos indicios de los contextos en los que vivimos hoy.

¿Cómo vivir y dar testimonio en este tipo de mundo sin desanimarnos y sin rendirnos? Aquí es donde entra en juego el mensaje del triunfo pascual. Somos convocadas y convocados a perseverar en nuestro testimonio, a perseverar en la carrera a la que se nos invita incluso en este mundo fragmentado. Recibimos un llamado a ser agentes de la transformación de Dios allí donde estemos, y a llevar esperanza allí donde reine la desesperación. La mejor manera de hacerlo es fijando nuestra mirada en Jesús quien, a pesar de pasar por un sufrimiento horrendo, salió triunfante en la Pascua. Es en él en quien ponemos nuestra mirada. Jesús se enfocó en la misión que tenía por delante, y eso es lo que debemos mirar si queremos perseverar en nuestro testimonio. No miramos a quienes, desde del imperio de aquella época, participaron en el proceso de crucifixión, ni al liderazgo religioso de aquel tiempo, que sólo estaba interesado en conservar su poder, ni a las multitudes en las calles de Jerusalén que, queriendo complacer a los poderosos del país, ya fueran políticos o religiosos, gritaban: «Crucifícale» (Mateo 27, Juan 19).

La Buena Noticia es que Aquel que pasó por un sufrimiento horrendo el Viernes Santo, es el resucitado que celebramos en Pascua. También nosotras y nosotros participamos de la Pascua de este año mientras perseveramos en nuestro testimonio, abrazando la esperanza de la victoria de la Pascua a pesar del Viernes Santo.

Este año y el próximo, mientras la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas y sus iglesias miembro reflexionamos sobre el lema de nuestra Asamblea General – Persevera en tu testimonio – podemos poner nuestra mirada al Señor Jesucristo, que pasó por el dolor del Viernes Santo por causa nuestra y resucitó victorioso más allá de las ataduras de la muerte y de la dominación del mal. La Pascua nos da esperanza al asumir de nuevo la misión a la que Dios nos ha llamado: ser agentes de transformación y de justicia.

En nombre de la Presidenta de la CMIR, la Rev. Najla Kassab, de los miembros de la Mesa y del Comité Ejecutivo, así como del conjunto de mis colegas, tanto en la oficina de la CMIR en Hannover como fuera de ella, les deseo una Pascua 2024 plena de sentido. Perseveren en su testimonio.

Setri Nyomi
Secretario General Interino

Publicado originalmente en World Communion of Reformed Churches