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Alguien me dijo una vez que los profetas de nuestro tiempo son esos hombres y mujeres que hablan del sol mientras caminan bajo un cielo encapotado de nubes negras. Que son los que encienden una luz en medio de la oscuridad.

Sabemos por los evangelios que Galilea fue el primer escenario de la actividad pública de Jesús. Pero los mismos evangelios nos dicen poco de cómo continuo el movimiento iniciado por Jesús en Galilea. Es todo un enigma. A pesar de ello el evangelio de Mateo es el evangelio del discipulado. El Jesús, de Mateo, elige y llama a sus discípulos y los prepara para abandonar la geografía que conocen y los conduce a Judea. A Jerusalén. En Jerusalén está la cruz.

Los discípulos han de reconocer el mal. La fe adulta nos ha mostrado el mal que habita entre nosotros. Y en nosotros. Esto es una realidad. El mal no solo nos enferma y engendra guerras, sino que nos avasalla, nos encadena. Es el que hace posible que el maltrato comience siendo de palabras para transformarse en actos de violencia. Así que ahora tenemos una posible respuesta a la pregunta de ¿por qué necesitamos a Jesús? Pues porque Jesús nos libera de la esclavitud del mal, del poder del pecado y de la culpa, para reconciliarlos con el Sr. Dios. Necesitamos de más discípulos que proclamen esta buena noticia.

Quiero acabar esta temporada, ahora que llega el verano, ofreciéndoles un vaso de agua fresca para los que están cerca y también para los que están lejos. Dar un vaso de agua es algo común. Hasta a nuestros enemigos les damos un vaso de agua. La interpretación adecuada entonces sería que las obras más insignificantes que seamos capaces de hacer en esta tierra de flores y serpientes serán altamente recompensadas, en la eternidad, incluso las más simples como ofrecer un vaso de agua. 

Y si alguno de ustedes entonces me recuerda que por profesar la fe tendremos que sufrir, entonces no me quedará más remedio que darles algo de razón y decirle que tienen toda la razón del mundo. Como Jesús, experimentaremos la persecución y seremos despreciados. Pero estas cosas no han de hacernos vivir con miedo. Jesús estará con nosotros, contigo y conmigo, en todo momento, para apoyarlos, para fortalecerlos, para levantarnos. Sólo él nos llevará en sus manos. Sólo él nos dará un vestido nuevo. Sólo él nos ofrecerá un lugar en la mesa. Sólo él.

Y si alguien te pregunta: ¿puede salir algo bueno de Galilea? Que tu respuesta sea corta y clara: ¡Si! ¡Definitivamente, si! Buen verano y que nos volvamos a encontrar por los caminos.

Lectura del evangelio de Mateo 10, 40-42

El que os reciba a vosotros, es como si me recibiera a mí, y el que me reciba a mí, es como si recibiera al que me envió. El que reciba a un profeta por tratarse de un profeta, tendrá la recompensa que corresponde a un profeta, y el que reciba a un justo por tratarse de una persona justa, tendrá la recompensa que corresponde a una persona justa. Igualmente, el que dé un vaso de agua fresca al más insignificante de mis discípulos precisamente por tratarse de un discípulo mío, os aseguro que no quedará sin recompensa

¿Quién nos acompañará en esta oración? ¿Quién?

Padre nuestro: Ahora que comienza el día, a Ti de decimos que eres la fuente de toda bondad, así que míranos con misericordia y recibe nuestra sincera gratitud. Gracias por todas las bendiciones recibidas hasta aquí. Tú nos has ofrecido una fe desafiante fe y una tradición para reformar. Tu nos has dado el pan y el refugio cotidiano, la salud y el amor. Hoy queremos ser agradecidos. Nosotros a Jesús seguimos.

Amén.

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