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Alguien me dijo una vez que los hombres y las mujeres más peligrosas, son aquellos que por sus venas corre el miedo. El miedo al cambio.
El lago de Genesaret, también llamado Mar de Galilea, es un lago de agua dulce. El mayor aporte de agua lo recibe del río Jordán que desemboca en su orilla norte. Es habitual que en él se formen repentinas tormentas. Visto desde lejos tiene un color azul oscuro.
A los discípulos nos da miedo lo desconocido. Lo inesperado. Lo nuevo. Lo que no comprendemos nos causa temor. Lo que no podemos controlar también. Pero con los miedos no podemos llegar a ninguna orilla. La realidad es que los miedos nos invitan que nos quedemos paralizados. Sin movernos. Si, los miedos nos aíslan. Nos dicen que estamos desnudos.
¿Por qué pregunta Jesús por la fe a los discípulos? Porque sabe que es la fe la que nos saca de la parálisis. La que nos proporciona una comunidad donde encontrar refugio. La fe es la que nos conduce a tierra firme aun cuando las olas nos impidan ver dónde está la costa. Es la fe la que nos dice que no estamos solos aun cuando sopla el cierzo.
Hay hombres y mujeres que atesoran miedos como si fueran monedas. Miedo a cumplir años. Miedo al amor. Miedo a la geografía. Miedo a la familia. Miedo a la enfermedad. Miedo a la muerte. Miedo al castigo después de la muerte. La buena noticia de este día es que Jesús viene a conjurar todos los miedos. Y les exige que guarden silencio.
Hay hombres y mujeres que no saben quién es Jesús de Nazaret. Para nosotros, los discípulos, es el Señor de los Vientos.
Lectura del evangelio de Marcos 4, 35-41
Ese mismo día, al anochecer, Jesús dijo a sus discípulos: Vayamos a la otra orilla del lago. En seguida, dejando allí a la gente, lo llevaron en la barca tal como estaba. Otras barcas iban con él. De pronto, se levantó una gran tormenta de viento. Las olas azotaban la barca que comenzó a inundarse. Jesús, entretanto, estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal. Los discípulos lo despertaron, diciendo: Maestro, ¿no te importa que estemos a punto de perecer? Jesús se incorporó, increpó al viento y dijo al lago: ¡Silencio! ¡Cállate! El viento cesó y todo quedó en calma. Entonces les dijo: ¿A qué viene ese miedo? ¿Dónde está vuestra fe? Pero ellos seguían aterrados, preguntándose unos a otros: ¿Quién es este, que hasta el viento y el lago le obedecen?
¿Quién nos acompañará en esta oración? ¿Quién?
Señor y Dios: En esta mañana que comienza pon luz en mi mente y paz en el corazón, porque aspiro a ser una persona sabia y con amor en sus relaciones. Espíritu Santo quiero iniciar el día con calma en medio de tantas preocupaciones. Jesús en ti depositamos nuestra esperanza, nuestra protección cuando el temor llame a la puerta.

Amén.

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