La Pascua 2024 ya está aquí entre nosotras y nosotros. Demos gracias a Dios. Sí, es hora de celebrar la victoria sobre la muerte y sobre las fuerzas de la muerte, porque el Señor Jesucristo se liberó de los límites de la muerte y de la tumba. Sí, recibimos el llamado a celebrar con alegría y a proclamar que la muerte y el mal no tienen la última palabra: Cristo ha resucitado.

Como personas cristianas, esta celebración se encuentra necesariamente encarnada en el tiempo, el espacio y los contextos en los que vivimos en nuestro mundo quebrantado. El Viernes Santo sigue estando presente entre nuestro ahora y la gloriosa mañana de Pascua. Este año reflexionaremos sobre la Pascua teniendo muy presente el clima de Viernes Santo por todo el dolor y el sufrimiento que nos rodea.

Muchas familias en Israel sufren porque sus seres queridos secuestrados el 7 de octubre de 2023 aún no han sido liberados. Miles de familias en Palestina están de luto porque desde aquel 7 de octubre, sus seres queridos han sido asesinados. Mientras tanto, hace exactamente 10 años, en abril de 2014, 276 niñas de una escuela secundaria fueron secuestradas en Chibok, Nigeria, y más de 90 de ellas siguen aún en cautiverio, y el mundo parece haberlas olvidado. Hay conflictos y guerras en otras partes del mundo que comprometen la vida de muchas personas. Las devastadoras consecuencia de la injusta arquitectura financiera y económica que domina el mundo actual siguen oprimiendo a millones de personas. Y la pecaminosidad humana, visible en la forma irresponsable en que hemos mal administrado la creación de Dios, sigue revelándose en el cambio climático adverso que observamos. Estas son apenas algunos indicios de los contextos en los que vivimos hoy.

¿Cómo vivir y dar testimonio en este tipo de mundo sin desanimarnos y sin rendirnos? Aquí es donde entra en juego el mensaje del triunfo pascual. Somos convocadas y convocados a perseverar en nuestro testimonio, a perseverar en la carrera a la que se nos invita incluso en este mundo fragmentado. Recibimos un llamado a ser agentes de la transformación de Dios allí donde estemos, y a llevar esperanza allí donde reine la desesperación. La mejor manera de hacerlo es fijando nuestra mirada en Jesús quien, a pesar de pasar por un sufrimiento horrendo, salió triunfante en la Pascua. Es en él en quien ponemos nuestra mirada. Jesús se enfocó en la misión que tenía por delante, y eso es lo que debemos mirar si queremos perseverar en nuestro testimonio. No miramos a quienes, desde del imperio de aquella época, participaron en el proceso de crucifixión, ni al liderazgo religioso de aquel tiempo, que sólo estaba interesado en conservar su poder, ni a las multitudes en las calles de Jerusalén que, queriendo complacer a los poderosos del país, ya fueran políticos o religiosos, gritaban: «Crucifícale» (Mateo 27, Juan 19).

La Buena Noticia es que Aquel que pasó por un sufrimiento horrendo el Viernes Santo, es el resucitado que celebramos en Pascua. También nosotras y nosotros participamos de la Pascua de este año mientras perseveramos en nuestro testimonio, abrazando la esperanza de la victoria de la Pascua a pesar del Viernes Santo.

Este año y el próximo, mientras la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas y sus iglesias miembro reflexionamos sobre el lema de nuestra Asamblea General – Persevera en tu testimonio – podemos poner nuestra mirada al Señor Jesucristo, que pasó por el dolor del Viernes Santo por causa nuestra y resucitó victorioso más allá de las ataduras de la muerte y de la dominación del mal. La Pascua nos da esperanza al asumir de nuevo la misión a la que Dios nos ha llamado: ser agentes de transformación y de justicia.

En nombre de la Presidenta de la CMIR, la Rev. Najla Kassab, de los miembros de la Mesa y del Comité Ejecutivo, así como del conjunto de mis colegas, tanto en la oficina de la CMIR en Hannover como fuera de ella, les deseo una Pascua 2024 plena de sentido. Perseveren en su testimonio.

Setri Nyomi
Secretario General Interino

Publicado originalmente en World Communion of Reformed Churches

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