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Meditaciones en torno al Salmo 145
Tiempo de Pascua (antes de Pentecostés). Abril y mayo de 2024
Pastor Víctor Hernández Ramírez (IEE)

Lunes, 1 abril 2024 (Pascua)
Hoy comenzamos una serie de meditaciones en torno al Salmo 145, en este tiempo de la Pascua, que es la celebración de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Pero antes de comenzar, quiero señalar dos notas previas:
La primera es recordar que los Salmos eran recitados y cantados por los judíos, por Israel, por tanto Jesús mismo oraba y alababa a Dios con los Salmos.
Entonces, tú y yo, cada uno de nosotros(as), ora a Dios del mismo modo que Jesús.
En un libro escrito por el pastor Dietrich Bonhoeffer sobre los Salmos, nos dice esto sobre la presencia de Jesucristo en los Salmos:
¿Cómo es posible que un ser humano y Jesucristo oren al mismo tiempo el Salterio? Es el Hijo de Dios hecho hombre quien llevó toda la debilidad humana en su propia carne, es él quien presenta ante Dios el corazón de toda la humanidad, es él quien toma nuestro puesto y ora por nosotros. Él conoció la angustia y el dolor, la culpa y la muerte de un modo más profundo que nosotros. Por eso, aquí se trata de la oración de la naturaleza humana asumida por él y que se presenta ante Dios. Es ciertamente nuestra oración; pero, dado que él nos conoce mejor que nosotros mismos y se hizo verdadero ser humano por nosotros, es también realmente su oración y sólo puede convertirse en oración nuestra porque ha sido suya. (Los Salmos. El libro de oración de la Biblia, 2010 [1940], p. 22)
Entonces, nosotros queremos meditar en este tiempo de Pascua, sobre los versos del Salmo 145. Y lo queremos hacer sabiendo que nosotros oramos con esas palabras del salmista, y es Jesucristo quien ora con esas palabras. Y nuestra oración es así su oración por nosotros y es la nuestra en su nombre.
Y la segunda nota es algo breve sobre este Salmo 145. Es un Salmo alfabético, es decir que está compuesto como un acróstico, pues cada verso comienza con una letra del alefato (alfabeto) hebreo. Evidentemente, esto se pierde en la traducción, pero es importante decirlo porque esto significa que el poema está hecho cuidadosamente para conducirnos y meternos en lo que dice: en esa bendición a Dios, en esa palabra que alaba su nombre y nos bendice a nosotros cuando lo decimos.
El Salmo 145 tiene 21 versos (hay uno que se ha perdido en el texto hebreo, correspondiente a la letra “nun”) y los he agrupado en 7 partes, que serán los 7 lunes de este tiempo de Pascua (7 semanas, hasta el día de Pentecostés). He elegido la traducción Reina Valera, versión o revisión del año 2020, de la Sociedad Bíblica.
Comencemos entonces con los versos de hoy. Ruego que escuchéis la lectura, y que tratéis de escuchar dejando que resuenen, como un eco, como una palabra que escuchamos y que nos hace entrar en eso que nos dice:
(Álef) 1 Dios mío, mi rey, yo te alabaré,
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
(Bet) 2 Cada día te bendeciré,
alabaré tu nombre por siempre jamás.
El salmista se dirige a Dios. Se dirige a Dios y le alaba. Bendice su nombre y eso quiere decir alabarlo. Se dirige a Dios como rey, como su rey. Para nosotros esto no es fácil de entender, porque vivimos en una sociedad donde ya no hay reyes que gobiernen y manden, como los había en el mundo antiguo.
Aunque si hay poderosos que mandan y determinan lo que se hace y lo que no se hace en el mundo. Y en el mundo antiguo también había ese tipo de señores que estaban por encima de todos y que regían la vida de los pueblos.
Pero el salmista no reconoce a otro rey, sino a Dios. Le reconoce como su Señor y le llama “Dios mío”. Esta es la maravilla de las palabras del salmista: está ante Dios mismo, ante el misterio de Dios, y no duda en llamarlo “Dios mío”, porque Dios es lo más lejano y lo más íntimo, Dios es infinitamente grandioso y elevado pero es también el nombre que bendicen los labios del salmista.
Y tú también. Tú y yo también. Nosotros también le llamamos “mi Dios”, le decimos “mi Rey” y le alabamos. Tú. Y yo. Con tus labios le bendices, con nuestros labios le alabamos.
Y en esa bendición que decimos en voz alta, con nuestra boca que le canta o que le nombra, estamos muy cerca de Dios. Como cuando nuestros labios se aproximan para besar, para darnos en ese beso, que está hecho de palabras de bendición.
Entonces, comenzamos así esta primera semana del tiempo de la Pascua. Con el anuncio gozoso de la resurrección de nuestro Señor, queremos alabar y bendecir a Dios, diciendo estos dos versos del Salmo 145:
(Álef) 1 Dios mío, mi rey, yo te alabaré,
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
(Bet) 2 Cada día te bendeciré,
alabaré tu nombre por siempre jamás.

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