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Meditaciones en torno al Salmo 145

Tiempo de Pascua (antes de Pentecostés). Abril y mayo de 2024
Pastor Víctor Hernández Ramírez (IEE)

Lunes, 22 abril 2024 (Pascua)

Hoy es el cuarto lunes, cuarta semana del tiempo de Pascua. Los versos de hoy (10–12), del Salmo 145, se corresponden con las letras hebreas Yod, Caf y Lámed. Escuchemos estos versos, dejemos que resuenen en nosotros, que se oiga desde el silencio la voz del salmista, que nos dice: 

(Yod) 10 Señor, que todas tus obras te alaben,

que te bendigan tus fieles;

(Caf) 11 que pregonen la gloria de tu reino,

que hablen de tus proezas;

(Lámed) 12 que proclamen a todos tus hazañas,

el glorioso esplendor de tu reino.

Algunos traducen el v. 10 (por ejemplo Schökel) así: Que te alaben, Señor, todas tus creaturas/ que tus leales te bendigan o también (Kraus): ¡Alábente, oh Yahvé, todas tus criaturas,/y tus piadosos te rindan homenaje! Y la Biblia de Jerusalén traduce: Alábente, Yahvé, tus creaturas;/bendígante tus fieles

Los fieles o los justos alaban al Señor. Los justos o fieles bendicen a Dios. ¿Quiénes son estos justos? ¿Quiénes son estos fieles? Y aquí siempre se viene a la mente la imagen de gente religiosa, piadosa, con aura de santidad o de una gran devoción a Dios. 

Pero la piedad que nos trasmiten los Salmos no es así exactamente. La piedad del justo nace de su vínculo con Dios. No es una piedad de apariencias o ni se fundamenta en una imagen de perfección o en una imagen de bondad. Es una piedad que se arraiga en el reconocimiento de que Dios es el Señor. 

Y decir que Dios es Señor quiere decir que la vida propia se reconoce como obra de Dios. Es decir, que el justo es quien se reconoce como criatura de Dios, como hechura de sus manos, como quien se vive absolutamente en las manos de Dios.

Y esto no es lo que nosotros solemos tener como experiencia cotidiana de vida, porque nosotros necesitamos tener muchas cosas bajo control y queremos que estén bajo dominio nuestro. Queremos que todo se adapte a nuestras necesidades, en eso que llamamos “la vida normal”. Queremos que el mundo sea normal, que es el equivalente a querer que el mundo se adapte a lo que necesitamos y deseamos. En realidad, queremos que el mundo, y todo lo que hay en el mundo, esté disponible. Y si no lo está, nos frustramos, nos enojamos. Porque eso “no es normal”.

Pero la piedad de la que nos habla el Salmo 145 es la piedad de quien sabe que es frágil, efímero(a), vulnerable, necesitado(a) y que mira a Dios como su única esperanza. La piedad se expresa en el canto de alabanza, en la oración que bendice a Dios y le vuelve a bendecir.

Y esa alabanza de su criatura es porque espera en Dios como el Señor que reina. Y la grandeza de Dios consiste en sus acciones de salvación por nosotros, para traer al mundo la promesa de un mundo nuevo, para darnos la esperanza de un Reino de justicia y de paz.

Aquí podemos imaginar que hemos escuchado una parábola de Jesús, o que hemos sido testigos de cómo ha curado a un leproso o cómo Jesús ha conversado con una mujer rechazada por los demás. Y al ver a Jesús haciendo todo esto nos damos cuenta de que las proezas de Dios son sus acciones de restauración, sus actos amorosos que restauran la vida de personas rotas.

Y, entonces, nosotros participamos del sueño que nace en esas personas, y que nace en nosotros también. Es el sueño por el reino de Dios, por el mundo nuevo, donde Dios reina y Dios es en todo, y en todos.

Y, entonces, nos quedamos en silencio nuevamente y decimos estos versos con nuestros labios:

 (Yod) 10 Señor, que todas tus obras te alaben,

que te bendigan tus fieles;

(Caf) 11 que pregonen la gloria de tu reino,

que hablen de tus proezas;

(Lámed) 12 que proclamen a todos tus hazañas,

el glorioso esplendor de tu reino.

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