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Meditaciones en torno al Salmo 145

Tiempo de Pascua (antes de Pentecostés). Abril y mayo de 2024
Pastor Víctor Hernández Ramírez (IEE)

Lunes, 15 abril 2024 (Pascua)

Hoy es el tercer lunes del tiempo de Pascua. Leeremos los versos 7–9 del Salmo 145, que comienzan con las letras hebreas Zayin, Jet y Tet, y que nos dicen: 

(Zayin) 7 Se evocará tu inmensa bondad,

se cantará tu justicia.

(Jet) 8 El Señor es clemente y compasivo,

paciente y grande en amor.

(Tet) 9 El Señor es bueno con todos,

su amor llega a todas sus obras.

Lo que se canta, lo que se proclama de las grandiosas obras de Dios es su bondad y su justicia. La grandeza del amor de Dios, de un amor que va siempre unido a la justicia de Dios.

Para nosotros esto es difícil de asumir, porque nuestra experiencia cotidiana es que la bondad y la justicia muchas veces no van unidas. Son muchísimas las ocasiones que hemos sido testigos de cómo las injusticias caen sobre personas buenas o inocentes, o de cómo la bondad parece ser derrotada por la impunidad de la injusticia o por la fuerza violenta de la injusticia.

Y esto no es ignorado por el salmista. Al contrario. Es precisamente desde esas situaciones, cargadas de sombras y oscuridad, que el salmista levanta su voz para proclamar la bondad y misericordia de Dios. Y lo hace evocando la memoria de las acciones de Dios.

Evocar la memoria es hacer memoria. Es una acción que se esfuerza para rememorar que Dios ha estado allí, a nuestro lado. Para recordar que Dios está presente, se queda contigo, a tu lado. Se queda conmigo, se queda con nosotros, en la más absoluta solidaridad.

Es lo que celebramos con gratitud en el tiempo de la Pascua: que en el Crucificado está la más absoluta empatía de Dios, porque en ese silencio de la más grande injusticia, está la presencia de Dios, que muere con nosotros y muere por nosotros. En esa cruz, Jesús es la justicia de Dios, que nos entrega la justicia de Dios a nosotros mismos, que somos pecadores, como dice Pablo en 2Corintios 5:21. 

Por eso, también en medio de la noche, y precisamente porque son muchas las tinieblas en el mundo, la voz del salmista nos convoca a hacer siempre memoria y a recordar que Dios es paciente y misericordioso, es grande en su amor y esa grandeza de su amor es el poder de Dios, que se queda siempre a nuestro lado. 

Y no es un amor excluyente. No es para unos pocos, para unos cuantos, sino que su paciencia y su amor son para todos, llega a todo y a cada uno de nosotros, sin excepción, sin exclusión alguna.

Y por ello, no podemos callarnos, ni dejar de evocar su bondad y su justicia, que se llama Jesucristo. Pues nosotros oramos con Jesús, y decimos las palabras del salmista. Le decimos a Dios:

(Zayin) 7 Se evocará tu inmensa bondad,

se cantará tu justicia.

(Jet) 8 El Señor es clemente y compasivo,

paciente y grande en amor.

(Tet) 9 El Señor es bueno con todos,

su amor llega a todas sus obras.

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