Desde 2014 la Asamblea General de las Naciones Unidas conmemora cada 30 de julio, el Dia Mundial Contra la Trata de Personas, un delito que afecta a niñas, niños, adolescentes, mujeres y hombres.

Una realidad vergonzosa y ultrajante

Sin duda alguna, la lucha contra la trata de personas se ha erigido como uno de los mayores retos del siglo XXI.

El delito del tráfico de personas aparece en el contexto mundial, no solamente como uno de los más abominables, por lo que implica la violación sistemática de derechos humanos conexos a él.

Miles de personas víctimas de las redes se pasean por aeropuertos, terminales de autobuses, centros comerciales, parques y avenidas de los países de origen, de tránsito y de destino, sin que puedan hacer nada.

No conocen el idioma, no saben a quién dirigirse, tienen miedo, están amenazadas, están demasiado afectadas social y psicológicamente, están en condición de ilegal y no poseen ningún tipo de documentos.

Dia Mundial contra la Trata de Personas
Dia Mundial contra la Trata de Personas

 

El objetivo básico de esta “esclavitud moderna” es la explotación comercial de las personas con fines sexuales, laborales o de robo y venta de órganos.

Se desenvuelve en el contexto de los actuales movimientos migratorios, tiene modalidad de crimen organizado y estructura empresarial, maneja una alta movilidad de las personas y considera al ser humano como un bien transferible y vendible según la oferta y la demanda.

Más de 29 millones de personas en situación de esclavitud

Su alarmante crecimiento se refleja en un movimiento anual de dinero que supera el del tráfico de armas, convirtiéndola en la segunda actividad criminal más rentable en el mundo, después del narcotráfico.

Se estima que existen más de 29 millones de personas en situación de esclavitud en todo el mundo, más del doble del número de esclavos transportados durante todo el comercio transatlántico de esclavos.

“La esclavitud, tanto en su forma moderna como en la antigua, no es sólo una vergüenza, sino que es «la execrable suma de todas las villanías», como la definió el abolicionista John Wesley, y no tiene cabida en nuestro mundo”.

Y es que, “Cuando Dios creó a los seres humanos, los creó a Su imagen y semejanza” (Génesis 1:26); el agravio a la dignidad del ser humano y la violación de sus derechos fundamentales es un grito que clama al Dios de la vida, que escucha a sus hijos y les ofrece su auxilio y protección.

Como Iglesia Evangélica Española, levantamos la voz en nombre de las víctimas del tráfico de seres humanos en comunidades de todo el mundo.

Denunciamos todo tipo de esclavitud moderna e instamos a gobiernos locales, nacionales y organismos internacionales, a que se comprometan en la persecución y detención de los que se benefician de esta humillación humana, combatiendo este comercio, y contribuyendo a erradicar esta lacra.

“El Señor pone a prueba al hombre honrado, pero repudia al injusto y al violento” (Salmo 11:5).

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