Iglesia Evangélica Española

Devocional semanal

Lunes, 2 de septiembre de 2024

Por sus fru­tos los cono­ceréis Mateo 7, 16

Pastora Teresa Sancho

No hay nada más peli­groso que aque­l­lo que se nos pre­sen­ta como algo bueno y no lo es.

Todo el mun­do conoce el cuen­to de Blan­canieves, ¿ver­dad? ¿Cómo iba aque­l­la inocente chiquil­la a descon­fi­ar de una anciani­ta que con toda ama­bil­i­dad le ofrece una man­zana? ¿Cómo sospechar que aque­l­la man­zana de aspec­to tan jugoso encer­rara un veneno? Blan­canieves es la pro­tag­o­nista de un cuen­to infan­til, pero muchas per­sonas podemos ver­nos refle­jadas, ya que con fre­cuen­cia podemos ser víc­ti­mas del engaño y actu­ar de la mis­ma man­era y con las mis­mas ter­ri­bles con­se­cuen­cias. Inclu­so la per­sona más inteligente puede ser engaña­da por quienes pre­sen­tan prop­ues­tas de mod­e­los sociales con muy bue­na apari­en­cia, pero que, en real­i­dad, pro­mueven situa­ciones de injus­ti­cia.

Jesús, ¡qué buen mae­stro!, nos pre­viene de este peli­gro dicien­do: «Tened cuida­do con los fal­sos pro­fe­tas. Se acer­can a vosotros hacién­dose pasar por ove­jas, cuan­do en real­i­dad son lobos fero­ces.» (Mateo 7:15) Es un buen con­se­jo, pero, has­ta aquí, no parece de gran ayu­da. Si el dis­fraz es bueno, cualquiera puede caer en el engaño (como Blan­canieves con la bru­ja dis­fraza­da). Por eso Jesús añade «Por sus fru­tos los cono­ceréis, pues no pueden recogerse uvas de los espinos, ni higos de los car­dos.» Esto ya parece que nos ori­en­ta un poco más, ¿no? A mí, al menos sí que me ayu­da, pues cuan­do oigo cier­tos dis­cur­sos políti­cos me sue­nan muy bien; cuan­do escu­cho a cier­tos líderes ecle­siales que además apoy­an sus dis­cur­sos (o pred­i­ca­ciones, o con­se­jos pas­torales) citan­do la Bib­lia, me resul­tan muy con­vin­centes, pero cuan­do veo los fru­tos que pro­ducen los que pro­nun­cian esos dis­cur­sos, entonces veo clara­mente que son lobos dis­fraza­dos de ove­jas como decía Jesús, es decir, son fal­sos pro­fe­tas.

Efec­ti­va­mente, si no fuer­an fal­sos pro­fe­tas, es decir, si lo que hacen o dicen que hag­amos fuera con­forme a la vol­un­tad de Dios, no serían causa de dolor, o de mis­e­ria, no serían la causa de que muchas per­sonas o inclu­so pueb­los enteros sufrier­an la dis­crim­i­nación, vio­len­cia, ham­bre… Por el con­trario, sus pal­abras y sus acciones estarían ori­en­tadas al bien­es­tar y la feli­ci­dad de toda per­sona, como hacía Jesús con los enfer­mos y con los des­pre­ci­a­dos de su sociedad, a quienes recibía sin excep­ción para procu­rar su bien (la salud, el perdón, la dig­nidad, el amor de Dios…).

«Todo árbol bueno da buen fru­to.» (Mt. 7:17) Es obvio, pero con­viene ten­er­lo bien pre­sente para no dejarnos engañar por lobos con piel de ove­ja. Los buenos fru­tos, los que avalan a la per­sona que no se tra­ta de un fal­so pro­fe­ta son, como dice el após­tol Pablo en Gal. 5:22 y Ef. 5:9, amor, ale­gría, paz, tol­er­an­cia, ama­bil­i­dad, bon­dad, leal­tad, humil­dad, dominio de uno mis­mo, jus­ti­cia, ver­dad…

Jesús, mi Mae­stro, solía enseñar con parábo­las. Yo voy a tratar de imi­tar­le y, en lugar de entrar a dis­cu­tir deter­mi­nadas doc­tri­nas políti­cas o reli­giosas, os voy a con­tar, durante las próx­i­mas sem­anas, unas his­to­rias; his­to­rias que son reales; his­to­rias de per­sonas que yo mis­ma he cono­ci­do, aunque, para sim­pli­ficar el rela­to, me tomaré la licen­cia de atribuir, a veces, a un solo per­son­aje, situa­ciones o anéc­do­tas de varias per­sonas.

OREMOS: Ama­do Dios, ayú­danos a cono­cer y com­pren­der tu vol­un­tad. Ayú­danos a vivir con­forme a ella para que ven­ga tu Reino de amor y bien.

Amén.