Nuestras comunidades y obras sociales se han visto afectadas por la pandemia de muy diversos modos y el ejercicio de nuestros ministerios ha tenido que hacer frente a una capacidad de adaptación y creatividad sorprendentes.

Uno de los ministerios que se ha visto más desafiado ha sido el trabajo social en sus diferentes vertientes. La sociedad civil se ha visto desbordada por las necesidades y carencias que se han hecho patentes, las debilitadas economías, ya precarias por la crisis anterior y por la desaceleración de la economía previa a la pandemia se han hundido y han afectado a muchas familias.

Muchas de estas familias han podido ser atendidas por las administraciones públicas, en otros casos la colaboración de nuestras entidades sociales con las administraciones ha sido una gran oportunidad de servicio, no obstante un número importante de situaciones han quedado fuera del sistema y hemos tenido que responder a necesidades básicas y a apoyos no cubiertos desde lo público. Este escenario ha coincidido con la caída de muchas organizaciones sociales debilitadas por su sistema de voluntariado o sencillamente por el cierre de sus servicios.

En nuestros servicios de atención básica se han multiplicado por dos y por tres el número de familias atendidas. Los bancos de alimentos no han respondido a toda la demanda y en muchas localidades las asociaciones vecinales han reaccionado con apoyos puntuales y poco estructurados, aunque necesarios ante la emergencia. En los ámbitos en que trabajamos con jóvenes y niños hemos reaccionado dando cobertura con material informático y con espacios para poder seguir el nuevo escenario de la formación escolar vía internet. En nuestras fundaciones se ha debido reaccionar dando cobertura a los trabajadores y organizando complementos de servicios, por ejemplo para el caso de los ancianos.

Estos diferentes esfuerzos han supuesto una importante aportación económica de fondos propios y han puesto nuestras organizaciones sociales a trabajar más allá de sus fuerzas, con nuevos equipos de voluntario, multiplicación de las horas de servicio, incremento de las familias de las que nos responsabilizamos y en general con medidas paliativas exigentes. Lo más importante es poner en valor la entrega y compromiso que nos ha permitido hacer frente durante estos meses a los nuevos desafíos y tenemos muchos motivos para dar gracias a Dios por las personas comprometidas con estos ministerios que han dado muestras, una vez más, de su vocación y servicio.

Desde la Comisión Permanente consideramos que debemos de poner en oración este valor añadido de nuestros ministerios y llevarlos al centro de nuestras celebraciones navideñas. Nuestro InfoCP ha ido dando cuenta de este trabajo y nuestras reuniones con los Presbiterios nos han sido de gran utilidad para poner en común las necesidades de cada comunidad. Somos conscientes del apoyo que han tenido nuestros servicios sociales desde comunidades y Presbiterios y queremos dar un apoyo más para seguir afrontando los nuevos retos de esta situación que está lejos de diluirse, especialmente en sus consecuencias económicas y psicológicas para muchas familias.

Por esta razón queremos apoyar con nuestra ofrenda de Navidad a nuestras obras sociales. Y proponemos a las congregaciones y Presbiterios dedicar este año la ofrenda de Navidad a la “Emergencia global COVID19”.

 

BANCO DE SANTANDER
Número de cuenta IBAN: ES12 0075 0074 2106 0132 3787
BIC: BSCHESMMXXX

Escribir concepto: “Ofrenda Navidad 2020”, o avisar del envío de fondos a Caja Central: administradorARROBAiee-protestante.org

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