Mensaje del Comité Ejecutivo de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas 2019  Kappel am Albis, Suiza 

Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse —Mateo 5:14 

Además, busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al Señor por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad.—Jeremías 29:7 

El Comité Ejecutivo de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas estuvo reunido del 9 al 15 de mayo de 2019 en la ciudad de Kappel, Suiza, bajo el siguiente lema «Dejen que su luz brille: Buscando Shalom en medio del Imperio». La Federación de Iglesias Protestantes Suizas y particularmente la Iglesia Evangélica Reformada del Cantón de Zúrich oficiaron de generosos anfitriones. Nos reunimos en un tiempo en el que todas las iglesias suizas están especialmente comprometidas en la búsqueda de caminos para dar respuesta al creciente número de personas sin pertenencia o afiliación religiosa. Mientras en todo el país se celebra el jubileo de las reformas, las iglesias están buscando la manera de poder encontrar inspiración y confianza para abordar este problema. Junto con las Iglesias protestantes suizas, celebramos, en la iglesia Grossmünster de Zürich, el centésimo aniversario de Ulrico Zwinglio y el centenario de la ordenación de las mujeres en la ciudad. 

Hemos recibido inspiración a partir del coraje y la resistencia de los reformadores, incluido Ulrico Zwinglio, y nos comprometemos a una reforma continua de nuestras iglesias y comunidades por medio de los esfuerzos de paz y de reconciliación. Una vez más nos comprometemos con una espiritualidad reformada y con un espíritu de permanente reforma de la iglesia y el mundo. También nos hemos alentado mutuamente a continuar en diálogo ecuménico y compañerismo. 

Durante el encuentro del Comité Ejecutivo, tuvimos ocasión de participar junto a nuestros anfitriones, en la actividad denominada “Iglesia, Estado y Política: Cooperación o Protesta”. También pudimos oír sobre los contextos específicos de Brasil, Camerún, Colombia, Hungría y la Península de Corea, Nigeria y Siria, y fuimos sensibilizados y sensibilizadas en relación a los movimientos globales hacia el populismo y el autoritarismo. 

En nuestras reuniones, nos conmovieron también las historias de violencia, abuso, migración forzada y la negación de derechos humanos de comunidades marginalizadas en muchas otras situaciones en todo el mundo, de manera particular en Cuba, Palestina y Venezuela. 

Pudimos reconocer las crecientes maquinaciones del Imperio, que continúan mercantilizando toda la vida, y su crecimiento por medio de la explotación de las personas y la disrupción de la shalom. Confesamos nuestra complicidad y silencio. En medio de las crecientes amenazas a la vida que crea el Imperio, reconocemos el ofrecimiento de la plenitud de vida en Jesús y el llamado a un discipulado valiente y a una hospitalidad mutuamente transformadora. 

Al reunirnos en Kappel, recordamos nuestra rica herencia reformada y el continuo llamado a reformarnos. Reconocemos la agenda inacabada de la Reforma y nos comprometemos a la participación plena y justa de todos y todas, especialmente en el campo de la justicia de género. 

Hicimos memoria de todos los reformadores y reformadoras, a la vez que reconocimos nuestra propia herencia violenta. Reconocemos cómo las diversas comprensiones teológicas y espirituales pueden promover la hostilidad y la violencia. Nos comprometemos a desmantelar esas falsas teologías y espiritualidades y trabajar en el avance de teologías que busquen la dignidad y el respeto de toda la vida. Es desde esta postura que iniciamos un diálogo con la Conferencia Menonita Mundial. 

Como un cuerpo llamado a la comunión y comprometido con la justicia, reafirmamos nuestro compromiso de enfatizar la justicia que conduce a la paz, la sanación y la reconciliación. Creemos que aquello que distingue nuestra contribución es el discernimiento de los signos de los tiempos, para vivir fielmente y dar un testimonio profético del Dios de la vida. 

Compartimos un llamado a nuestras iglesias miembros, a nuestros compañeros ecuménicos y a todas las comunidades de fe para que actúen en pos de la transformación justa del mundo, tal como nos anima a hacerlo Zwinglio: «Por el amor de Dios, hagan algo valiente». 

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