(Consejo Mundial de Iglesias, 14 de mayo de 2018)

Toda celebración de aniversario trae consigo grandes alegrías, en especial si se trata del aniversario de la creación de la Iglesia en Pentecostés. Esta es una gran ocasión para saludar a nuestros hermanos y hermanas en todo el mundo: ¡Paz a ustedes!

Desde que se inició la peregrinación de justicia y paz en nuestra X Asamblea en 2013, como respuesta a las profundas injusticias, las crecientes divisiones sociales y los inextricables  conflictos armados que ha vivido el mundo durante las últimas décadas, esta vívida expresión de nuestra comunidad se ha hecho sentir, de alguna manera, en todos los continentes.

Más recientemente, una serie de Visitas del Equipo de Peregrinación (PTV, por sus siglas en inglés) ha hecho posible que los cristianos pudieran caminar juntos en solidaridad con las víctimas de la injusticia y la violencia en diversas partes del mundo.

En este tiempo de Pentecostés, empoderados por el Espíritu Santo, nos gustaría poner de relieve las expresiones de solidaridad de estas visitas y su testimonio.

Durante algunos de estos encuentros, los miembros del equipo de peregrinación han estado con hombres y mujeres que han sufrido una violencia extrema por luchar por una vida digna en comunidad. Mediante su presencia, los participantes en las PTV han brindado un apoyo incondicional a las personas que sufren, y han defendido la importancia de la participación democrática a través de la escucha y la convivencia pacífica gracias a los acuerdos de paz.

Desde 2016, se han realizado PTV en lugares tales como Palestina e Israel, Nigeria, Sudán del Sur y Colombia, fortaleciendo la esperanza de paz y la presencia del Espíritu Santo que Jesús ofreció a quienes le seguían, según el relato de Juan 20:21-22.

En Colombia, los miembros del equipo fueron testigos de los esfuerzos de la sociedad por aplicar el acuerdo de paz y establecer la Comisión de la Verdad creada para esclarecer las acciones violentas perpetradas por diferentes actores armados durante las décadas de conflicto armado del Gobierno con la ex guerrilla de las FARC-EP. También vieron motivos de esperanza en el apoyo del CMI a las iniciativas para alcanzar la verdad.

La presencia del Espíritu Santo ayuda a constituir nuevas comunidades comprometidas en promover los cambios necesarios para una paz con justicia, en las que se permita escuchar tanto a las víctimas como a los victimarios, y se ofrezca reparación a las personas afectadas por la violencia. Se trata de una nueva situación, del signo de una nueva creación.

El pueblo colombiano cree firmemente que Dios está presente por medio del Espíritu Santo, soplando su energía a través de lazos de amor. Llenos de energías renovadas, infundimos esperanza a quienes han sufrido y a quienes aun confían en el cumplimiento de la implementación del acuerdo logrado entre el Gobierno y las FARC en la Habana. Sin embargo, esta esperanza también requiere coraje y resistencia porque las noticias del día a día continúan anunciando amenazas a líderes sociales, asesinatos selectivos, e incluso algunos políticos amenazan con hacer trizas el acuerdo de paz.

Jesús prometió a quienes le seguían enviar el Espíritu Santo, definiéndolo como “otro Paráclito”, es decir, el consolador, el abogado, el mediador, el intercesor: “Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos, y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes” (Jn 14:15-16).

Cuando las iglesias y el CMI abogan e interceden por las víctimas y por quienes han sido marginados por la sociedad, el Espíritu Santo está actuando y haciendo realidad el proyecto de Dios de promover la vida.

En 2018, año en el que el CMI celebra su 70° aniversario, le rogamos a Dios que el Espíritu Santo esté presente en medio del conflicto en Israel y Palestina, en Siria y en la península Corea, así como se ha movido constantemente a lo largo de estos 70 años en las situaciones de guerra y conflicto.

Al celebrar Pentecostés, recordemos los testimonios vivos de quienes entregan sus vidas para promover la reconciliación y la paz con justicia en muchos países de todo el mundo. Oremos para que el Espíritu del Pentecostés les lleve esperanza, a ellos y a todos los hombres y mujeres que buscan lograr la paz y liberación. Además, este año en el cual la peregrinación de justicia y paz del CMI se enfoca específicamente en América Latina, roguemos a Dios para que el Espíritu Santo proteja y guíe al pueblo y a las autoridades de países como Nicaragua, Venezuela y Brasil.

Que Cristo, el Resucitado, que dio vida a una comunidad basada en la justicia y el amor, ayude a todas las iglesias miembros del CMI a actuar con la convicción de lo vivido por esa primitiva comunidad: “Y todos los que creían se reunían y tenían todas las cosas en común” (Hechos 2:44).

¡Paz a ustedes!

Los presidentes del Consejo Mundial de Iglesias:

  • Rev. Dra. Mary-Anne Plaatjies van Huffel, Iglesia Reformada Unida en África Austral (Sudáfrica)
  • Rev. Prof. Dra. Sang Chang, Iglesia Presbiteriana en la República de Corea
  • Arzobispo Anders Wejryd, Iglesia de Suecia
  • Rev. Gloria Nohemy Ulloa Alvarado, Iglesia Presbiteriana de Colombia
  • Obispo Mark MacDonald, Iglesia Anglicana del Canadá
  • Rev. Dra. Mele’ana Puloka, Iglesia Wesleyana Libre de Tonga
  • S.B. Juan X, Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Griega de Antioquía y todo Oriente
  • S.S. Karekin II, Patriarca Supremo y Catholicos de todos los Armenios
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