La verdad os hará libres” (Juan 8, 32)

Alfredo Abad
Pastor Alfredo Abad

Es tiempo de Navidad y nos alegramos de celebrarla y de los encuentros, también nos alegramos de los recuerdos y alimentamos nuestra esperanza con sueños renovados. No somos ilusos, las mujeres y los hombres cristianos hemos peleado suficientes batallas como para aceptar que la fe es algo decorativo en nuestra vida. Lo que si somos es militantes de un mensaje, de una Palabra.

Cuando Jesús se dirige a quienes habían creído en él, según el Evangelio de Juan, les está invitando a permanecer en su Palabra. Esta perseverancia será la que les de a conocer la verdad y en la verdad se hace su libertad. Juan Calvino en su comentario de Juan señala que este camino esta vinculado a la fe: “La regeneración viene de la fe”. Esta es precisamente la parte que no entienden los discípulos que replican que nunca han sido esclavos y se reclaman de la paternidad de Abraham. La Verdad en la que creemos es la que nos hace libres.

Este desconcierto que provoca Jesús es saludable, como dice José María Castillo sobre nuestro tiempo: “Es inevitable, es bueno, es incluso necesario el desconcierto en que vivimos. Porque solo así será posible que todos sintamos la sacudida que necesitamos para despertar de esta especie de letargo que es la indiferencia” (La ética de Cristo). La afirmación de Jesús nos provoca sobre la verdad para que aceptemos un compromiso de fe, de esperanza, de seguir trabajando sin conformarnos, para que lo que proclamamos en Navidad sea posible para cada ser humano.

Una de las amenazas de nuestro tiempo es la señalada por el profesor granadino, la indiferencia, condimento indispensable de todos los fundamentalismos. El desarrollo y la amplitud de la contaminación de los discursos excluyentes está plagado de medias verdades mediocres que se instalan como absolutas. No necesitan preguntarse por la verdad, no les interesa, ya la poseen, se la han apropiado, la han robado a la realidad y siguen pretendiendo construirla como una nueva torre de Babel. La indiferencia es idolatría, la exclusión es idolatría, el desprecio es idolatría, el odio es idolatría.

En una reflexión de las iglesias protestantes latinas de Europa sobre el ascenso de los integrismos la teóloga Isabelle Grellier llamaba a una afirmación de la Gracia en primer lugar, como camino de conversión. Una gracia que sea más fuerte que nuestras carencias morales, doctrinales y espirituales para salir de nuestros miedo y aceptar las incertidumbres de nuestro tiempo y de nuestras vidas. El fundamentalismo político, social o religioso es una respuesta distinta a nuestros miedos, no basada en la Gracia, pero tampoco en la verdad y sobre todo muy alejado de la justicia.

Necesitamos celebrar la verdad de Dios, la buena noticia de la Navidad, el modo en que Dios viene a nuestro encuentro para renovarnos, regenerarnos y sacarnos de la indiferencia que mira a otro lado ante la injusticia y la desigualdad. Y necesitamos celebrarla en modo militante y comprometido con una fe perseverante y tozuda en el seguimiento de Jesús que nos saque de todos los alienamientos contagiosos de nuestro tiempo.

Pastor Alfredo Abad, Presidente de la CP de la Iglesia Evangélica Española

 

 

 

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