Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras
en otro tiempo a los padres por los profetas, 
en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo,
a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.
(Hebreos 1, 1-2)

 

El final de este año está marcado por la emergencia medioambiental y la necesidad de apostar clara y decididamente por la Justicia Climática. Este lema moviliza e interroga, genera incertidumbre y compromiso y nos llama a optar de manera clara y contundente a favor de la vida. La convocatoria de la Cumbre del Clima, COP25, que debió celebrarse en Chile y finalmente se realizó en Madrid nos ha subrayado la necesidad y urgencia de esta opción por la vida.

La Navidad viene a traernos al final de cada año la opción del Dios de la vida por una humanidad sana y saludable, por una comunidad de fe comprometida con los más desfavorecidos, por una sociedad más justa y menos desigual. En Jesucristo se nos ha revelado que Dios quiere que tengamos una vida plena, más allá de la que nosotros somos capaces de construir, y quiere que con la fuerza de su Espíritu sirvamos al nuevo orden de Dios.

En la celebración ecuménica que compartimos el segundo domingo de Adviento, en mitad de la Cumbre del Clima, las mujeres y hombres creyentes que nos reunimos confesamos que: “En nuestro egocentrismo y apatía, nos hemos descuidado en servir a las demás criaturas. Hemos fracasado en la denuncia de la avaricia. Hemos contaminado el aire, la tierra y el agua, destruyendo los delicados hábitats y las fuentes de sustento. Sabemos que la creación espera ansiosamente en la esperanza de ser liberada de su esclavitud a nuestra decadencia (Romanos 8: 19–22)”.

También nos hemos llamado a sembrar belleza y compasión, frente a la polución y destrucción, nos hemos llamado a proteger y a no ser depredadores. Pero solo seremos capaces de este giro por la salud que Dios pone en nosotras y nosotros.

El mensaje de la Navidad es un mensaje de belleza y compasión, como dice en la Carta a los Hebreos, “Dios nos ha hablado por el Hijo”, y este Hijo, es por quien hizo el universo, un universo que se enfrenta al caos. Cuando nos convertimos en depredadores optamos por el caos, y no por el universo que Dios quiere, un universo de dignidad, respeto y solidaridad.

En nuestra opción por la vida, cuidemos de cada ser humano, especialmente de las víctimas y en particular de las víctimas de cambio climático. En nuestra opción por la vida cuidemos de cada criatura. En nuestra opción por la vida seamos sembradoras y sembradores de belleza y compasión, la misma belleza y compasión que Dios nos ha mostrado en la Palabra hecha carne, en la vida y testimonio de Jesucristo.

Quiera Dios quien estableció la danza de la creación
Quien maravilló los lirios del campo
Quién transformó el caos en orden
Guiarnos para transformar nuestras vidas, nuestras iglesias y nuestras comunidades para reflejar la Gloria de Dios en la creación. Amen

(Adaptado del CTBI Programa Ecocongregación)

 

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